Nadie puede creer que se trate del comienzo de una "operación permanencia", es decir, que la medida indique la continuidad del duhaldismo en el poder más allá del 25 de mayo. Más bien hay que verlo como otra desprolijidad de este gobierno en el plano internacional, que no es el que mejor le luce. Eduardo Duhalde y su canciller, Carlos Ruckauf, han decidido dejar ocupadas al próximo gobierno las embajadas de varios países, entre ellos tres muy relevantes por distintas razones. Son Brasil (principal socio argentino), el Reino Unido (sede de la discusión por Malvinas) y Bolivia (sensible por el proceso de desestabilización que se ha desatado). Además, se designaron embajadores en Holanda (que tiene el encanto de una princesa argentina), República Dominicana y Túnez. En todos los casos, los beneficiarios son diplomáticos de carrera, casi descuidistas (ya se los llama "okupas"), que deberán ser removidos cuando llegue el próximo presidente, obligado él también a un gesto poco agradable.
Nadie que confiese «yo soy lo viejo», como dice Eduardo Duhalde, da a entender que pretende perdurar en la posición en que se encuentra y, mucho menos, iniciar una campaña electoral para perpetuarse más allá del límite establecido. Por eso quienes quieren ver en la designación masiva de embajadores que está realizando la Cancillería algún indicio de que Duhalde se prepara para mantenerse más allá del 25 de mayo debe ajustar su interpretación. Es más sencillo. Se trata de una desprolijidad de quienes, como Carlos Ruckauf, produce las designaciones y, si se quiere, una avivada de quien se beneficia con ellas.
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Veamos. La Cancillería argentina acaba de disponer el reemplazo del embajador en varios destinos importantes, entre ellos el de su mayor socio, Brasil. O en Londres, sede de la discusión de política exterior más antigua y, si se quiere, sensible desde el punto de vista político: la de la soberanía de Malvinas. Son determinaciones relevantes ya que, en los dos casos mencionados, el ejercicio de la representación del país equivale a ministerios. Es decir: Duhalde está tomando medidas que condicionarán al próximo presidente como si le estuviera designando un gabinete (en el caso de Néstor «Lupín» Kirchner, es posible que se crea con derecho a hacerlo). Sobre todo porque está nombrando a funcionarios de carrera, en destinos que habitualmente ocupan políticos que agotan su gestión con el presidente. Ahora obligará a su sucesor a retirar a los diplomáticos cuyo plácet acaba de pedirse.
A Brasil enviarán a Vittorio «Toto» Tacetti, quien reemplazará al alfonsinista Juan José Uranga. Es posible que Duhalde no haya querido tocar a este radical por respeto a su alianza con el viejo caudillo de Chascomús, pero eso no lo obliga a llenar un casillero importantísimo para el próximo presidente, cualquiera sea. Tacetti tuvo el manejo de los asuntos administrativos de la Cancillería durante la gestión de Guido Di Tella. Allí se ganó la embajada en México que ejerció también durante la presidencia Menem. La designación permitirá que Lula Da Silva o Celso Amorin, su canciller, comiencen a desconfiar de la seriedad con que Duhalde se ha propuesto «relanzar el Mercosur».
El otro destino que están por tomar desde el Palacio San Martín antes de que el duhaldismo deje la Casa Rosada es la representación en Londres. Por ella compiten Fernando Petrella con Federico Mirré. Además de distintas capacidades y antecedentes, los dos rivales se diferencian por su postura frente al conflicto por Malvinas. Petrella sostiene tesis más ligadas a la tradición dialoguista de la Cancillería de Menem -en la que ocupó el segundo escalón por algún tiempo-mientras Mirré tararea melodías frepasistas, en armonía con su jefe político, José Octavio Bordón. Los dos están cabeza a cabeza y cuando «Rucucu» deba decidir qué orientación pretende darle a las relaciones con el Reino Unido seguramente tirará la moneda.
A José María Berro Madero lo enviarán a Holanda, donde los diplomáticos argentinos sueñan jugar como locales gracias a la encantadora posición de Máxima Zorreguieta. Es un autoengaño: todos saben en la Cancillería que cuando el embajador actual organizó una gala a beneficio de los desamparados del país Máxima no asistió. Es que se comporta como integrante de la casa real y no la agente de relaciones públicas de la embajada argentina. Otros movimientos tienen que ver con corridas de base a base, como en el beisbol. A Carlos Piñeiro Iñíguez lo llevarán desde República Dominicana hasta Bolivia, que a partir de la semana pasada promete convertirse en un destino de principal importancia política por su proceso de desestabilización. Reemplazará a Arturo Ossorio Arana, famoso por haber complicado a toda la Cancillería en el caso «Armas» con sus declaraciones judiciales (entre otros a Petrella). A Dominicana irá un ahijado de Ramón Puerta, Roberto Rovallo. El radical Fernando Taboada, quien se mantuvo al lado de Fernando de la Rúa como jefe de ceremonial durante la gestión anterior, lo enviarán a Túnez, una sede que Eduardo Menem creyó haber escriturado cuando enviaron allí a Eduardo Piuzzi, su secretario administrativo en el Senado (ahora en Marruecos). El que mira estos movimientos mientras se le hace agua la boca es Esteban Caselli. ¿Qué no daría por dejar «a cuenta» al futuro embajador en el Vaticano? Pero «Cacho» no pudo jugar esa ficha ni siquiera mientras tuvo poder en la casa. Penoso deterioro del malevo, quien se preciaba de voltear a Vicente Espeche Gil con un telegrama. Falta que termine cantando, como en el tango, «ya no me falta pa' completar más que ir a misa e hincarme a rezar».
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