25 de noviembre 2002 - 00:00

Duhalde, forzado a mostrar su juego

El peronismo que reporta a Olivos tampoco se queda quieto. Ha aceptado la idea del misionero Ramón Puerta de arrimar las fechas -de internas, generales y asunción de nuevo mandatario-todo lo que se pueda para reforzar la autoridad del presidente que asuma y del que se va. Con ese criterio, la multipartidaria de Olivos puso el 27 de abril para las generales, algo que no ha sido rechazado por Carlos Menem ni por Juan Carlos Romero. Ese calendario, esta semana puede quedar votado por Diputados como inamovible, si aceptan lo que sancionó el jueves el Senado: que por esta vez el Congreso le quita al presidente de la Nación la potestad de poner las fechas que impone el art. 53° del Código Electoral.

Si Duhalde consiente que los legisladores conviertan esa amputación de sus facultades, será la primera vez que en meses transmite un mensaje inequívoco al público sobre lo que quiere hacer. Hasta ahora se ha dedicado a construir un océano de ambigüedades que le permiten transitar por la discrecionalidad. El Duhalde que le dice algo distinto a cada visitante se esmeró, es cierto, la semana pasada, para que los senadores le aceptasen la renuncia. Ahora tiene que dar luz verde a esa cláusula que pondrá como fecha inamovible el 27 de abril.

Ese artículo apareció en el dictamen que votó el jueves el Senado de manera sorpresiva. Antes de la sesión lo trajo, de la Cámara de Diputados, Cristina Kirchner. «Es una imposición de los provinciales, de Alberto Natale y de los radicales», explicó la Sra. de Kirchner a Juan Carlos Maqueda, Jorge Yoma y Miguel Pichetto cuando leyó esa cláusula.

La idea de que era una condición de los radicales para sentarse a sesiones ese día, la mantuvo en el dictamen, tanto que figuró en el primer artículo del proyecto. En realidad, como puede leerse en el jugoso debate de esa tarde en el Senado (ver en «www.ambitoweb.com») la derogación transitoria de la atribución a fijar días electorales, es la condición previa para que el Congreso pueda establecer el cronograma.

Las dudas duhaldistas de esta hora son muchas: ¿Quiere Duhalde hacer el gesto de renunciamiento máximo entregando el manejo de fechas? ¿Es quitarle esa facultad a Duhalde un triunfo radical al que empujó, vaya a saber por qué, el ala femenina del kirchnerismo? ¿No convendrá esta semana recuperar en Diputados esa atribución, so riesgo de que la ley electoral vuelva al Senado y todo pase a extraordinarias, prolongando la espera?

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