La prueba más elocuente -valga la paradoja-del silencio bonaerense la dio Chiche Duhalde. Pocas veces se vio a alguien argumentar con tantas razones sobre la inexistencia de una pelea. Si hasta Carlos Menem terminó convertido en víctima: ahora la señora de Duhalde alega que su defensa del riojano bien puede ser equivocada, ya que «yo no soy abogada».
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