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22 de enero 2003 - 00:00

Duhalde instruyó a bonaerenses para el congreso del viernes

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Era lógica la inquietud de Solá. Delante de sus narices, Duhalde volvió a descartar la candidatura de su esposa para secundar a Kirchner. Y prefirió callar sobre el eventual destino provincial de Chiche. Eso es lo que desvela al mandatario, quien almorzó con el Presidente a solas para hablar sobre cambios en el manejo de la administración provincial que puedan mejorar sus chances frente a candidatos más promisorios como Aldo Rico o Luis Patti (la guadaña va trazando lentamente una marca en el cuello de Juan Pablo Cafiero).

A la quinta de Olivos llegaron ayer por la tarde los integrantes del consejo provincial del PJ. Presidió la reunión la pareja gobernante, secundada por Solá y por otro admirador, Manuel Quindimil. Fue justamente el intendente de Lanús quien, en un exceso de celo, provocó el malhumor del Presidente. Hizo un elogio muy encendido de Chiche, a quien ubicó casi en el mismo altar que Eva Perón, por su abnegación, demostrada sobre todo cuando viajó enferma a Tucumán para atender a la niñez desamparada. Siguió subiendo por esa melodía la emotividad de don «Manolo», hasta que remató:


Duhalde tomó la palabra para decir que «las elecciones no las gana un vice. Las gana el candidato a presidente» (por suerte, no era una confesión autobiográfica, ya que esa ley ensalzaría a Menem más de lo que se permite en esa casa). Siguió el Presidente dando cátedra. «Nosotros ya dijimos que nos vamos y sería una falta de respeto quedarnos más allá del 25 de mayo. Chiche piensa lo mismo y por eso ayer solicitó a mi propio vocero para hacerlo saber», machacó Duhalde. En vano Eduardo Camaño aventuraba otro destino, el lunes, ante un grupo de íntimos en la Cámara de Diputados: «Acá se va a judicializar el congreso peronista y vamos a terminar dando de baja las elecciones. No digo que vaya a quedar yo en Olivos. Queda Duhalde».

El caudillo de Lomas dijo que «no hay que manosearlo a Kirchner» y que «el vice debe ser alguien que tenga afinidad con el Presidente. No puede ser que haya conflictos entre quien está tomando decisiones y quien toca la campanita en el Senado». Más confesiones, interesantes en la boca de alguien que fue vice y que podrían dar a entender que esa comunión de visión no existe entre su esposa y «Lupín». Felipe bajó la mirada: otro vice de alma, él tampoco mantuvo la armonía que predicaba su jefe en la relación con Carlos «Rucucu» Ruckauf.



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