"Espero convencerla el fin de semana", le confesó Eduardo Duhalde a su delfín sureño, Néstor Kirchner. Era el martes por la noche, en Olivos, casi nadie quería ser testigo de esa conversación lúgubre tras el acto de Lanús, cuando el santacruceño rumiaba su fracaso y el Presidente abría sus manos para justificar la deserción de Chiche de la fórmula de Felipe Solá. «Ella es así, ¿qué puedo hacer?». Obvio: Kirchner no le iba a pedir que se separara; después de todo, él también tiene lo suyo en su casa.
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Por un momento, Chiche Duhalde no prestaba atención a la charla. La relación entre «Negro», como cariñosamente llaman a Duhalde, y Chiche se complicó en los últimos días por culpa de la interna bonaerense. Si hasta aparecen chismosos que sacan la cuenta de las noches que durmieron juntos y apenas da una en la quincena. Es cierto, él viajó a Davos y ella a Brasil pero la frecuencia fue ésa. Hasta el sábado por la noche, seguirá habiendo distancia: el Presidente está en Chapadmalal, donde ayer se internó con Ramón Puerta, y la señora en Tucumán, controlando el programa de combate a la pobreza. Desde allá ofrecerá, invariable, alguna foto de las que suelen divulgar sus asesores de imagen, siempre con remera, traje de baño, ojotas y, tal vez, un tiburón. Y pensar que alguien cobra por preparar esas «photo oportunity».
Más allá de la cronología de la desavenencia conyugal, Felipe Solá pagó caro que Duhalde no haya atendido lo suficiente la evolución política de su esposa. Ella viene bromeando hace ya tiempo en la mesa familiar, en presencia de testigos, con el hecho de que «en las encuestas te superé hace rato, ¿viste 'Negro'?». El Presidente disolvía un chiste con otro, cada vez que aparecía la «chicana»: «Sí, te voy a tener que dejar el gobierno». Las observaciones de la primera dama tenían, como toda humorada, algo de cierto que Duhalde no supo captar a tiempo. Quien debió tomar nota del dato fue Solá, a quien dejaron esperando junto al altar, por seguir con las metáforas de esponsales, las preferidas del gobernador.
Ahora, lo que parecía una comedia se volvió un drama difícil de resolver para Duhalde. Chiche se ha convertido en una metáfora del duhaldismo, que no acepta los designios de su jefe. Podía esperarse de Luis Barrionuevo, de José María Díaz Bancalari, de Osvaldo Mércuri, de Carlos Brown o de Daniel Basile la negativa a trabajar para Néstor Kirchner o para Felipe en una campaña. Pero cuando esa actitud emanó, en ambos casos, de la esposa del Presidente, la disidencia se convirtió casi en una orden.
Por eso anoche, el goebeliano Carlos Ben imaginaba títulos para publicar en los diarios amigos cuando Duhalde consiga disciplinar a su mujer.
«Duhalde pudo con Chiche», «A Felipe le siguen diciendo que 'sí'» o, para las delicias del monopolio, «El día en que Chiche aceptó a Felipe». Como es notorio, todo forma parte de una gran ridiculez.
Por la hendija abierta por la primera dama se filtró anoche un proyecto. En la sede del PJ bonaerense se discutió la posibilidad de que, una vez que Solá abandonó la condición de «caballo del comisario», se abra la disputa por la gobernación en el seno del duhaldismo. El propio Duhalde escuchó desde Chapadmalal cómo el solícito Carlos Caterbetti le explicaba esa posibilidad que analizaron los señores feudales del conurbano en la sede de Avenida de Mayo al 800. El Presidente se quedaría con el arbitrio de armar las listas de diputados nacionales y de legisladores provinciales, sección por sección. Pero liberaría la fórmula de gobernador y vice para que se produzca una disputa en ese nivel.
En la Casa Rosada se negaba con énfasis la posibilidad de que Duhalde acepte esa estrategia, que los supone neutrales en la pelea. Un diseño de esa naturaleza beneficiaría desde Mércuri a Raúl Othacehé y, tal vez, a Aldo Rico. El Presidente, desde Chapadmalal, pidió tiempo para contestar. Dijo que recién podría dar una señal el lunes, cuando esté claro si consiguió doblarle el brazo a su mujer e imponer en algún diario los títulos de Ben.
Pero sería incompleto el cuadro si sólo se mira por la mirilla de los Duhalde. Los Solá también tienen lo suyo, y «la Colorada» Teresa González Fernández -¿estuvo en Lanús, cantando la Marcha con Kirchner y su esposo?- también tiene su carácter. Por eso, ayer había clima de guerra en La Plata. Federico Scarabino, quien más veces reiteró en las dos últimas semanas la frase «los Duhalde te van a cagar» en la mesa de Felipe, comenzó a divulgar una iniciativa a manera de sondeo: dar de baja la fecha del 30 de marzo para retrasar las internas. Se trata de una venganza hacia el duhaldismo, ya que supone que si Kirchner cae derrotado el 27 de abril, quienes ahora lo castigan con la indiferencia podrían perder gravitación. Curioso juego psicológico el de Solá y su grupo. Creen que se los percibe duhaldistas sólo en las buenas, lo que los lleva a una tarea ingrata: deshojar la margarita del «traiciono/ no traiciono» durante todo un año, como sucedió hasta ahora.
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