21 de febrero 2005 - 00:00

Duhalde pone a jefe de espías

Por segunda vez en un lapso de tres meses, el gobierno cambió al titular de la Dirección Nacional de Inteligencia Estratégica Militar (DNIEM). Esta vez, un decreto del Presidente (49/2005, firmado el 25 de enero) reemplazó al ex legislador Luis Uriondo, la principal figura de la estructura de inteligencia militar nacional, por otro hombre de traje civil, el licenciado en contabilidad Sergio Andrés Mileo.

Como se sabe, las modificaciones en puestos clave del gabinete nacional, más aún si vienen con disponibilidad de «caja» -la DNIEM maneja gastos reservados que para el ejercicio 2005 rondan los dos millones y medio de pesos-, suponen un consenso entre las dos figuras políticas del PJ, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde.

Sorprendió la capacidad del ex presidentede instalar a Mileo en una de las estructuras que maneja información sensible a tan sólo días de otra movida hasta ahora inconclusa: ubicar al abogado Alejandro Vecchi, otro de sus promovidos, en la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal que depende del Ministerio del Interior. Vecchi tiene un galardón en la percepción duhaldista: haber cumplido con éxito la representación legal de la familia de José Luis Cabezas.

El nombre del licenciado Mileo se barajó como todas las designaciones en Defensa a través del mecanismo binario de aprobación que rige la dupla Kirchner-Duhalde. Sin embargo, el puesto, un topo consentido, es un triunfo para el hombre de la provincia de Buenos Aires, gana espacio y gestión merced a los buenos oficios de Pampuro, en un área (la inteligencia) que hoy está en jaque por la onda expansiva que provocó el hallazgo de cocaína en valijas que debieron controlar la Fuerza Aérea y la Aduana; ambas disponen de organizaciones de inteligencia.

• Antecedentes

Los saltos políticos y burocráticos sorpresivos no son algo nuevo en la carrera del misterioso licenciado Mileo. Cuando Eduardo Duhalde ocupaba la gobernación de Buenos Aires, giraba como jefe de asesores de Gabinete del Ministerio de Gobierno y Justicia. Y luego, en 1996, fue designado como subsecretario de Organización y Control de Gestión del gobierno provincial. Se lo reconoce como especialista en grandes números, cualidad que lo llevó ya en la presidencia de Duhalde a ocupar una silla como director (por la provincia de Buenos Aires) en el Ente Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios (ETOSS), al que renunció el 10 de julio de 2003. Fue parte del staff de la Unidad de Renegociación y análisis de Contratos de Servicios Públicos que giraba tras la órbita del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y del ministro de Planificación, Julio De Vido.

La llegada del licenciado
Mileo se explicará en la necesidad de una nueva reorganización de la DNIEM. Pero, antes de asumir,ya le fue designado el «coordinador» de los departamentos que componen la DNIEM, casi un subdirector. Será el coronel Carlos Candia, a quien los uniformados ubican muy cerca del ex subjefe del arma, el general Mario Luis Chretién. Aspiró sin suerte para ese cargo el comodoro Carlos Mazzocchi, veterano de la misión de las Naciones Unidas en Haití. En ese país, había sido director del hospital móvil de la Fuerza Aérea, principal sostén de la fuerza nacional y de los pobladores que sufrieron las penurias del huracán Jeanne. Aquí lo alcanzó la exégesis de la doctrina del «que se vayan todos» aplicada por el ejecutivo a la Fuerza Aérea para solucionar la crisis de control de estado en aeropuertos.

Para la cobertura del personal de esa área se prevé una convocatoria pública a profesionales -tal como lo hizo la Dirección de Inteligencia Criminal-, quienes serán evaluados por sus antecedentes académicos. Se busca una organización que privilegie el análisis de la información; para eso habría otra modificación motorizada por la flamante jefa de Gabinete de Defensa, la profesora
Ruth Diamint: los agregados militares pasarían a depender de la DNIEM y no del jefe del Estado Mayor Conjunto, a la sazón otro miembro de la Fuerza Aérea, como es la situación actual.

En un segundo paso se habla de desmilitarizar esos cargos, con profesionales idóneos en las artes de la ponderación de los datos sensibles de presuntas amenazas externas.

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