13 de enero 2003 - 00:00

Duhalde quiere dejar a Menem sin "marca" PJ

provincia que demográficamente equivale a un barrio de cualquier municipio del conurbano, era imposible para él calcular que la generosidad duhaldista le iba a acoplar un caudal de votos como el del peronismo bonaerense.

Esta desproporción es la que le crea dificultades con los dirigentes de ese distrito, que Eduardo Duhalde intentará disciplinar esta semana. Para Alberto Ballestrini (La Matanza), Hugo Curto (Tres de Febrero) o Manuel Quindimil (Lanús), plegarse a Kirchner supone una «capitis diminutio» insoportable. La Matanza, por caso, tiene 1.000.000 de habitantes, un capital político que su intendente puede negociar con ventaja en cualquier mesa de poder, inclusive aplicarlo a un proyecto presidencial. Es lo que hizo Eduardo Duhalde desde Lomas de Zamora en 1988, insubordinándose a Antonio Cafiero -en aquel entonces candidato a la Presidencia-y pactando con Carlos Menem.

No es una ley ni mucho menos que de provincias o estados chicos no puedan construirse liderazgos nacionales que arrastren a distritos voluminosos. Es el caso de Menem en el pasado reciente de la Argentina o de Bill Clinton en los Estados Unidos. Pero esos fenómenos obedecen a una lógica que no es la que se verifica en el caso Kirchner. Menem o Clinton eran un imán para la sociedad en general, que obligaba a los dirigentes a ir detrás de ellos. Si el «mercado electoral» pide un determinado producto -lo que supone que lo conoce y no que se lo están imponiendo desde la cúpula-los dirigentes locales no tienen otro remedio que allanarse a esa demanda, aunque el candidato sea de un distrito ínfimo. Pero el gobernador de Santa Cruz no tiene ese argumento y por eso Duhalde asiste a una rebeldía generalizada en su sector.

• Objetivos

Este es un problema estructural de la candidatura de Kirchner y de sus relaciones con el duhaldismo. Además Duhalde enfrenta otras limitaciones, que se interponen entre él y sus objetivos tácticos:

1. Quiere que un congreso del PJ elimine la interna para seleccionar presidente, convocada para el 23 de febrero. De ese modo, Duhalde quiere que el peronismo vaya a las elecciones con el proyecto imaginado por Juan Carlos Romero: cada candidato con su propio partido y todos con derecho a usar los símbolos del PJ. Con esta estrategia, que aplastaría lo que saca en votos el peronismo en su conjunto, Duhalde cree que habrá inevitablemente ballottage y que, entonces, Menem perderá en la segunda vuelta. Cree que Kirchner es el mediomundo capaz de capturar la oleada anti-Menem dispersa en distintas candidaturas. En caso de que, así y todo, no hubiera ballottage, Duhalde habría alcanzado igual su objetivo de mínima: que Menem llegue a la presidencia devaluado, con una base electoral mínima.

2. Si la variante anterior (que implica sumar en un congreso del PJ voluntades hoy esquivas, como las de los santafesinos o cordobeses) fracasa, Duhalde piensa en conseguir el mismo resultado «de facto». Es decir, procurará vaciarle la interna a Menem, con la excusa de que «los padrones son truchos», como dice en estos días el propio Néstor Kirchner. Su objetivo es que el riojano no le gane a nadie, a lo sumo a Ricardo Mussa. ¿Se prestará Adolfo Rodríguez Saá a esta táctica de Duhalde? En principio no, ya que compitiendo contra Menem dentro del PJ podría captar a parte del duhaldismo que no sigue a Kirchner.

3. Una tercera alternativa que se le ofrece a Duhalde, la menos probable, es que su delegado electoral Kirchner compita efectivamente en la interna contra Menem y que haya fraude. El propio santacruceño podría estar preconstituyendo esa prueba al decir que «los padrones son truchos». Kirchner conseguiría notoriedad y Duhalde, tiempo. La elección se daría de baja y sería un pretexto ideal para postergar todo el cronograma electoral para octubre. El actual presidente se postularía en ese momento.

4. Finalmente existe para el duhaldismo la carta judicial. Que un fallo determine que la reforma a la Ley de Acefalía, por la cual se acortó el mandato de De la Rúa hasta el 25 de mayo, es inconstitucional. Son interesantes los argumentos del abogado Ricardo Monner Sans, que es quien reclama la inconstitucionalidad. Entre el 25 de mayo y el 10 de diciembre debería haber un presidente electo por la Asamblea Legislativa. No necesariamente sería el mismo que surja de las elecciones del 27 de abril. Porque para ser designado por la Asamblea se requiere ser legislador o gobernador y hay candidatos que no están en esa circunstancia. Además, quien asuma ese período de 7 meses consumiría allí uno de los dos mandatos que concede la Constitución a los presidentes y vices. Es decir, ni Menem (que podría ser elegido por ser senador suplente de su hermano Eduardo, que debería renunciar a este efecto) ni Kirchner ni Romero como vice (aunque su caso es más vidrioso porque la Asamblea no está obligada a elegir vice para esos 7 meses), podrían postularse para 2007.

Sin embargo existe consenso casi pleno de que la Justicia no concederá la inconstitucionalidad de esa norma, sobre todo porque no hay ningún actor político importante que la pida. Ni siquiera Duhalde -por ahora-ya que le ofrecieron un fallo de primera instancia en ese sentido y lo rechazó.

Dejá tu comentario

Te puede interesar