Eduardo Duhalde salió ayer, por primera vez desde que se instaló el conflicto, a respaldar el pedido de la Santa Sede de que el gobierno aclare por escrito que el desplazamiento de monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense no significa «obstaculizar la función ministerial» de ese prelado, y así dar por terminado el conflicto sobre la cuestión.
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El ex presidente destacó, en declaraciones radiales, la conveniencia de enviar ese escrito, aunque firmado por el «secretario de Culto», Guillermo Olivieri, y no por el presidente Néstor Kirchner o el canciller Rafael Bielsa.
En este sentido, incluso sugirió la forma: «Hay algunas salidas que son bastantes sencillas: el secretario de Culto le informa ya oficialmente al embajador del Vaticano y así se terminaría este tema».
Duhalde aprovechó la situación instalada para dar muestra de su respaldo a las medidas oficiales, y apoyó la decisión de retirar el aval que él -durante su paso por la Presidencia-firmó a favor de la designación de Baseotto como obispo castrense, al cuestionar las duras declaraciones del prelado contra el ministro de Salud, Ginés González García, sobre el aborto.
«Esto que ha pasado con este dignatario de la Iglesia podría haber pasado con un embajador. ¿Qué hubiese hecho la gente si un embajador, refiriéndose a un ministro del Ejecutivo nacional, dijera lo que este señor dijo?», se preguntó Duhalde. «Son cosas que no se deben decir», sugirió.
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