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25 de agosto 2005 - 00:00

Duhaldistas estudiaron el acto de Rosario para contestar en La Plata

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Apreciaron los duhaldistas un primer rasgo de la concentración de su oponente: su apelación al peronismo. Es cierto, en una provincia como Santa Fe, donde los Kirchner carecen de un candidato estelar, parece conveniente apelar al voto partidario. La primera dama lo hizo en dos oportunidades: cuando se incluyó junto con su esposo entre los que trajeron a Juan Perón en 1973 y cuando homenajeó a la provincia de Buenos Aires por haber sido la gestora del 17 de Octubre. Uno a cero para la mujer del Presidente, cuya mejora discursiva atribuyen en el otro bando a la incorporación de Martín Granovsky a la campaña, en detrimento de otros marketineros.

En cambio, donde Sergio Panaro y Jorge Huertas -estrategas de la estética con la que el duhaldismo abraza esta nueva campaña- encontraron alguna debilidad fue en la disposición general de la escena. «Ellos arman una dramática en la que hay una sola figura, Cristina, alrededor de la que gira todo el relato», explicó un duhaldista ilustrado (sic). Siguió: «Nosotros queremos rebatir esa imagen. Por lo pronto, iluminaremos a la gente, que en Rosario estaba a oscuras debajo del escenario. Y evitaremos la presentación tipo Kremlin, en la cual una persona le habla al 'komisariat' del presidente, los ministros, gobernadores, etcétera. Es increíble cómo esta campaña está acelerando la mutación del aspecto de los Kirchner en el de miembros de la clase política con ese tipo de coreografía, en la que ella, además, se refiere al esposo como 'señor presidente'».



Mientras tanto, la estrategia de campaña de estos peronistas apuesta todo a mantener la polarización. Ayer Cristina volvió a apostar también a ese eje: ¿quién puede creer que cuando habló de pactos de desestabilización y de personajes funestos que «antes» visitaban Olivos estaba refiriéndose a Fernando de la Rúa? El blanco siguen siendo los Duhalde, ahora convertidos en «brujas-que-las-hay-las-hay», una constatación de la esposa del Presidente que debe haber sonado celestial en los oídos del santacruceño, quien llegó una noche a mandar a José Pampuro a abortar una conspiración que 90 personas realizaban durante un asado en un salón del Regimiento Patricios. Como Raúl Alfonsín en 1985, los Kirchner apelaron ayer al argumento de la « desestabilización» -Cristina utilizó hasta esa palabra de la «vieja política»- para acusar al duhaldismo, siempre con medias palabras, como cuando habló de «El Padrino». Del otro lado, también suelen contestar con ambigüedades. Si no se tratara de dirigentes políticos, cualquiera podría pensar que se está frente a extorsionadores: ellos tampoco mencionan las cosas por su nombre.

Sea como fuere, para los principales voceros de Duhalde el objetivo principal es mantener la campaña en un contrapunto de agresiones. Eduardo Camaño es un experto. «¿A quién se refirió -señor Presidente- cuando dijo que recibió un país en llamas?», ironizó el titular de la Cámara de Diputados, para seguir: «¿Quizás al ministro de Economía, del Interior, de Trabajo, de Defensa, de Salud, de Justicia o al de Relaciones Exteriores? ¿Se estaba refiriendo al presidente del Banco Central, a los responsables de la AFIP o de la ANSeS, o estaría juzgando al ex cavallista, ex menemista, ex jefe de campaña de Duhalde-Ortega y actual jefe de Gabinete? Usted que demostró ser corajudo, Presidente, anímese y échelos».

El recurso de enumerar a los duhaldistas de los que se ha rodeado Kirchner es el favorito de quienes rodean al caudillo de Lomas: «¿Cómo van a hablar de renovación política con el elenco que les dejamos nosotros?», se interrogan.

Camaño fue más allá: le pidió a Kirchner que se anime a exonerar a Duhalde como su representante en el Mercosur. Tal vez ahora que se denunció un plan de «desestabilización», suceda.

La contradicción de Camaño debe ser observada de cerca. En el gobierno creen que su agresividad se debe a una estrategia legislativa: dividir el bloque PJ después de octubre y constituir una mayoría opositora multipartidaria con el duhaldismo como eje. Alberto Fernández confesó esa fantasía el martes.

El otro duhaldista encargado de mantener viva la llama de la discordia es Atanasof (se lo vio pasar ayer en el acto de Rosario como una de las «brujas» innominadas de Cristina, la que inducía a los santacruceños a oponerse a Sergio Acevedo con bombas Molotov). Este diputado castigó ayer a Kirchner por incumplidor. Como el Presidente había dicho que pretendía mejorar la coparticipación de la provincia de Buenos Aires, reclamó: «Esperemos que esta vez cumpla porque lo mismo prometió en 2003 y lo único que hizo fue poner trabas a nuestras gestiones». Se agrandó Atanasof.

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