Duhaldistas intentan retener a su tropa

Política

Luego de una semana ardiente, donde el grupo El General se presentó como oferta anti-K y generó una ácida reacción de bonaerenses pro Kirchner, el ex duhaldismo del Congreso se llamará a silencio para evitar que esas jugadas apuren una ruptura del bloque PJ.

Demasiado ruido alteró a los peronistas de Buenos Aires los últimos días y, más allá de los dichos voluntariosos -de uno y otro lado- de que las diferencias de posicionamiento no ponen en riesgo la integridad del bloque, esa alternativa quedó a un tranco de hormiga.

En realidad, apenas el lunes Juan José Alvarez, Eduardo Camaño, Francisco de Narváez y Jorge Sarghini se fotografiaron en El General, se desató una sucesión de maniobras que escaldaron, como pocas veces en las últimas semanas, la convivencia en la bancada del PJ.

Hasta
Néstor Kirchner, a media semana, se zambulló al análisis de ese proceso. Hizo, claro, una mirada exageradamente optimista: entendió, según quienes dialogaron con él en esos días, que el lanzamiento de ese espacio empujaría a ex duhaldistas a alinearse con el gobierno.

Desde esa óptica, el éxito mayor de la Casa Rosada -y, se presume, el principal fracaso del cuartero- fue la intervención de
Graciela Camaño que, de promovida por los disidentes como sucesora de José María Díaz Bancalari, pasó a defensora de la continuidad del nicoleño.

Otro que no dejó pasar la oportunidad fue el ministro del Interior,
Aníbal Fernández, que promovió la aparición de legisladores bonaerenses -como Osvaldo Mércuri y Julián Domínguez- a respaldar a Díaz Bancalari, pero, sobre todo, a exponer su neokirchnerismo.

Al quilmeño se le abrió un atajo por donde arrimar al fuego oficial a dirigentes provinciales que son potenciales aliados en la disputa por la gobernación en 2007.

Además -incluso con participación directa de
Kirchner-, el gobierno continuó dedicado a la «captura» de duhaldistas para, al menos, sumarlos a los levantamanos que en febrero, durante las extraordinarias, darán su voto al proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura.

Es decir:
las ofertas para engordar el ejército de diputados no se tomaron vacaciones. Y, en algún caso, los propios legisladores que antes veneraban a Duhalde actuaron como intermediarios.

En ese contexto, parado en el rechazo al proyecto de reforma judicial, el grupo El General se presentó en sociedad y aceleró una disputa que, más tarde o más temprano, estallará en el bloque que conduce
Díaz Bancalari: cómo convivir bajo un mismo techo entre los anti y los pro Kirchner.

Por lo pronto, los principales espadones del PJ seguirán su descanso en la arena, en un intento por enfriar una pulseada que en febrero pondrá a prueba la capacidad de supervivencia del bloque.

Algo es cierto: ninguno de los dos sectores, por ahora, considera conveniente disolverse.

Los opositores a
Kirchner alimentan la ilusión de ampliar su bancada sumando kirchneristas disidentes como Eduardo Arnold (hablan de, al menos, 4 diputados) para llegar a 40 legisladores y convertirse en el segundo bloque de Diputados si el radicalismo padece alguna baja.

El sector que comanda
Díaz Bancalari -que se llamó a silencio apenas trascendió que podrían pedir su renuncia-, en tanto, aspira a preservar la conformación actual e ir aislando a los más críticos del gobierno.

Pero la tregua, como todas las treguas, es temporal.

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