Dura y desencantada, Vilma contra Verbitsky
Una carta que Vilma Ibarra le dirige a «Página/12» rechazando una acusación del periodista Horacio Verbitsky está entre los textos más interesantes que se publicaron durante el fin de semana. El periodista, en su nota del domingo anterior, la había mencionado como vinculada a «cajas negras» que existirían en la administración municipal. Es fuerte la respuesta de la senadora Ibarra y vuelve a vapulear a ese cronista y operador desde la izquierda, como ya hizo Julio Nudler, quien le dedicó un retrato parecido al de ayer. La carta interesa, por un lado, por su contundencia, que le hace pedir disculpas a aquellos sobre quienes tuvo malos pensamientos por el solo hecho de que Verbitsky los mencionaba como corruptos. Por otro lado, por provenir de alguien que milita en una corriente política con hábitos fetichistas respecto de la prensa, sobre todo de la prensa de izquierda. El texto es duro y acusa de ruin y deleznable la conducta de Verbitsky. El lector podrá leerlo a continuación. Pero más llamativa que la nota de la senadora es la respuesta de Verbitsky, que confirma de manera muy contundente algo de lo que lo acusan: con cinco renglones es capaz de destrozar los derechos y garantías a cuya promoción parece haber dedicado una parte de su vida. La única respuesta que cabía para la carta de la senadora era demostrar con algún hecho concreto que maneja una «caja negra» en el municipio.Verbitsky no lo hace y comete el error de contestar. Dedica media nota a una larga perorata sobre la corrupción de radicales y peronistas.Y termina criticando al Frepaso y a Aníbal Ibarra por nepotismo. Es evidente que la carta de la senadora Ibarra le hizo perder el equilibrio a Verbitsky. Para contestarle, el cronista menciona desviaciones en el Gobierno de la Ciudad (lo vincula con Raúl Moneta, enemigo de su patrón Héctor Magnetto, dueño oculto de «Página/12»), se queja por la convocatoria del plebiscito, recomienda hacerlo dentro de un año y consigna que la funcionaria investigada por el caso Cromañón, Gabriela Fiszbin, es amiga de Vilma (dice pero no demuestra que fue designada por eso). No consigue, está claro, fundar su acusación. Con argumentos similares, los Montoneros justificaban el exterminio de sus víctimas y los militares el de las suyas, en una época con la que Verbitsky se identifica demasiado. El final, para una antología del narcisismo: Verbitsky contesta el pedido de disculpas de la senadora por haber confiado en él como fuente diciendo que, al hacerlo, ella se alinea con Menem, Erman, Manzano, Pou, María Julia, etc. Como si la única fuente de juicio sobre esas personas fueran sus notas. Veamos la carta de Vilma Ibarra:
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Marcha atrás de la Justicia sobre la ley de Financiamiento Universitario: suspendieron provisoriamente su implementación
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Gendarmería y Prefectura resisten pago de deudas con obra social militar
Lo cierto es que allí me vi, en el editorial de Horacio Verbitsky, tratada de ladrona. Que el dolor no me impida ser clara. Horacio Verbitsky ha cometido una acción deleznable. Ruin. ¿De qué debo defenderme? ¿De un insulto lanzado en el anonimato por ex colaboradores de Ibarra? Porque digamos las cosas como son. Una acusación semejante que se escribe por un editorialista en un diario tiene que tener algún fundamento.
El daño ya está hecho. Y seguramente habrá más. De izquierda a derecha del arco ideológico me han querido persuadir para que yo no escribiera estas líneas. «Horacio te va a destrozar. Vos escribís sólo una vez, y él tiene la pluma todos los domingos.» Es verdad. También es verdad que quienes conocen al periodista en cuestión, los que lo quieren bien y los que no lo quieren, sostienen que jamás reconoce un error y que su resentimiento cuando lo critican no tiene límites. O sea que con estas líneas me estoy confinando a que me difame cuando quiera, de aquí al futuro.
(...) El Frepaso repudió esas prácticas putrefactas, pero se equivocó de aliados.
Al revelar el más grave hecho de corrupción de los últimos años: los sobornos en el Senado para que se votara la ley de precarización laboral, Joaquín Morales Solá protegió a sus fuentes, tal como lo hago yo ahora. Carlos Alvarez renunció a la vicepresidencia. De aquel Frepaso sólo quedaron en pie Aníbal Ibarra, su hermana Vilma, su hermano Rubén y señora, su cuñado Adrián, su concuñado Juan Carlos, su primo Pablo y varios parientes más, incluidas esposas y ex novias y hasta una hija de la segunda mujer del padre. En Cromañón se quemó una imagen más cuidada en los medios que en la gestión y en la ética cotidiana.
Como fiscal, Ibarra se opuso a los indultos de Menem. Desde la Legislatura y el Gobierno impulsó el Parque de la Memoria y el Museo en la ESMA. Pero creyó que el progresismo y el garantismo que invoca su hermana habilitaban para cualquier cosa, igual que Nosiglia y que Manzano antes que ellos. La militancia dejó paso a la recaudación y a la cooptación por medio del empleo público, del contrato con retorno o el subsidio. No dije que se enriquecieron, sino que financian su aparato en forma espuria.
No uno sino varios ex funcionarios y también proveedores (que no son anónimos ni para Ibarra ni para mí) cuentan cómo funcionan las cajas negras que sólo se confían a los más íntimos. Por su amistad con Vilma Ibarra, una psicóloga como Fabiana Fiszbin pudo quedar a cargo del descontrol de habilitaciones y desatender las recomendaciones de la Defensoría del Pueblo sobre la seguridad en los boliches. Ahora la hermana del jefe de Gobierno pide disculpas a Menem, a Dromi, a Manzano, a Erman y Granillo, a Barrionuevo, a Nosiglia, a Bauzá, a Pedro Pou, a María Julia, a Vicco y Ramón Hernández, a Santibañes. Ella sola se anotó junto a esos probos funcionarios, a quienes dice que difamé. Cada cual elige la compañía que prefiere.




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