El cruce más agrio del debate del miércoles en el Senado lo protagonizaron el radical Gerardo Morales (Jujuy) con Eduardo Menem (peronista disidente por La Rioja). El primero justificó el pedido de interpelación a funcionarios del gobierno por el caso SW con ironías sobre la manía denunciatoria de algunos opositores, y de paso se solazó con críticas a los radicales disidentes Elisa Carrió y López Murphy. Sobre el gobierno, Morales recordó sus vínculos con la administración peronista en la década de los años '90. «Sólo falta Menem», bromeó. Se le sumó el socialista Rubén Giustiniani, quien mencionó la aún inconclusa causa por la venta ilegal de armas. Bastó eso para que Eduardo Menem saltase con una respuesta que, de carambola, arrojó contra el gobierno: dijo que en la causa armas estuvo involucrado un hombre como Martín Balza -jefe del Ejército en la era Menem- por quien el gobierno pidió un acuerdo en el Senado para que sea embajador en Colombia. Aquí lo principal de ese chispeante diálogo.
Daniel Scioli, presidente del Senado, y Miguel Pichetto, jefe del bloque oficialista, negocian en un aparte de la sesión del miércoles la integración de la lista de oradores en el tenso debate sobre la interpelación a funcionarios por el caso Southern Winds.
Gerardo Morales: No somos «Lilita» Carrió ni López Murphy; no estamos viendo quién pasa por la esquina para hacerle una demanda o una denuncia penal, con el objeto de fogonear y taladrar al gobierno nacional. Nosotros somos la fuerza política que la semana anterior fue convocada a hablar con el ministro Lavagna; pues bien, nosotros concurrimos a la Casa de Gobierno para habilitar los dos tercios de los votos para el tratamiento y sanción de una ley importante para el país. Tampoco se trata de que hemos presentado una demanda penal porque vimos pasar al secretario Jaime por la esquina. Por el contrario, la demanda penal que presentamos contra el secretario Jaime tiene que ver con la responsabilidad funcional de él, del Ministerio de Infraestructura y de la Secretaría de Transporte en una cuestión que no se trata de un mero hecho policial, como se sostuvo la semana pasada. La caída, el pase a retiro, de doce brigadieres no tiene que ver con un mero hecho policial, sino con un hecho que tiene connotaciones institucionales, porque el Estado participa en una sociedad y aporta casi 8 millones de pesos mensuales para el sostenimiento de una empresa. No somos nosotros los que estamos bombardeando al gobierno todas las semanas. No nos levantamos a leer el diario para ver cómo contestamos y de qué manera hacemos política en forma mediática. A veces pienso que en la Casa de Gobierno el único que falta es el ex presidente Menem, porque muchos de los que estaban en aquel gobierno, y hoy están con éste, no se hacen cargo de nada. Pero ése es otro capítulo. • Respuesta
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Eduardo Menem: Quiero responder a esta siempre omnipresente crítica del senador Morales a la década del '90, que no omite en ninguno de sus discursos. Ha dicho en forma despectiva: «los tienen a todos en este gobierno; el único que falta es Menem». Yo creo que ésa es una falta de respeto, y seguramente el senador Morales debe tener algún embarazo mental con la década del '90. En ese mismo orden de ideas, creo que quizás a la Alianza le hubiera ido mucho mejor si hubiera puesto sus funcionarios, que hoy están trabajando en el gobierno del presidente Kirchner. En cuanto al tema del tráfico de armas, querido senador Giustiniani, usted ha dicho que la cuestión involucra al presidente Menem. Y utilizó bien la palabra; «involucrar» significa incluir indebidamente. Y así como este tema puede salpicar a muchos funcionarios en forma indebida, le quiero recordar que la venta de armas fue dispuesta por decretos del Poder Ejecutivo, y que un juez corrupto calificó de asociación ilícita a las reuniones de gabinete del Poder Ejecutivo en las que se habían decidido esas ventas. Se trató exactamente del mismo tipo de decretos que había dictado el presidente Alfonsín, con coincidencias -en muchos casos- de los destinos y de los intermediarios que actuaron. Entonces, les diría que tengamos mucho cuidado en esto de tirar al viento, al «manchancho»(*) -como decimos en mi provincia- acusaciones y dejar sospechas veladas cuando está interviniendo la Justicia en la dilucidación de las responsabilidades correspondientes. No se olviden de que este mismo Senado le dio su acuerdo al general Martín Balza para su designación como embajador en Colombia, quien también estaba «involucrado» -bien utilizada la palabra: indebidamente incluido- como sospechoso en el tráfico de armas. (*) La palabra «manchancho» describe en las provincias del norte del país a un juego que consiste en arrojar al aire monedas, caramelos u otros objetos para que los recojan los niños. Algo así como el porteñismo «a la bartola». Informate más
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