9 de septiembre 2008 - 00:00

EE.UU. discute lo mismo que la Argentina

Desde hace unas semanas recrudeció una intensa campaña promoviendo que la Argentina debe «abrirse a los mercados internacionales de créditos». El camino que proponen sus promotores es renegociar con los especuladores que compraron bonos defaulteados y acordar con el FMI. De esta forma, argumentan, volveremos a ser confiables y llegarán los capitales necesarios para «que la Argentina no se pierda la oportunidad única que nos dan los precios de los commodities».

Dicen, por ejemplo, que en vez de cancelar la deuda con el Club de París utilizando nuestras reservas podríamos haber pagado en cuotas. Claro, para eso hacía falta, aceptar que el FMI nos exija que repitamos políticas de ajustes similares a las que aceptaron Carlos Menem y Fernando de la Rúa.

Quienes así piensan muestran como palabra divina los informes que divulgan algunos analistas de Wall Street. Con total desparpajo muchos de ellos pronostican un default que describe más su ignorancia que la realidad del país. Son los mismos analistas que llenaron de elogios las políticas que convirtieron al país en el campeón del endeudamiento y algunos de ellos hasta fueron funcionarios de esos gobiernos sumisos a la especulación.

Sería una pena que los argentinos crean que esos análisis o sus autores despiertanalgún interés en los Estados Unidos.No es diferente al desinterés que concitan las recomendaciones del FMI sobre la economía norteamericana. No recuerdo ningún debate parlamentario en la que se mencione un informe del FMI o que sus recomendaciones sobre Estados Unidos hayan llegado a la tapa de algún diario. En cambio, en la Argentina, los abanderados de vivir endeudados hacen del FMI el centro del universo. ¿En qué otro país la llegada de un modesto funcionario de ese organismo internacional es tratado por los medios como si fuese la visita de un jefe de Estado?

Sin embargo, los temas que discuten los americanos sin tanto histrionismo son similares a los que preocupan a los argentinos.

  • Debate intenso

    A pocas semanas de una elección presidencial el debate económico ha cobrado una inusual intensidad. «The New York Times» publicó una carta abierta a los candidatos John McCain y Barak Obama firmada por un pequeño grupo de ex funcionarios que han dejado la función pública, pero que siguen manteniendouna influencia digna de su prestigio. La carta está firmada por los republicanos Peter Peterson (ex secretario de Comercio), Warren Rudman (ex senador), George Shultz (ex secretario de Estado), Paul O'Neill (ex secretario del Tesoro). Los demócratas son Mario Cuomo (ex gobernador de Nueva York y Robert Kerrey (ex senador). También firma el legendario ex presidente de la Reserva Federal Paul Volcker.

    En uno de sus párrafos los firmantes de la carta pública hablan de la política de endeudamiento de los Estados Unidos. Pero, para sorpresa de esos analistas que tanto nos recomiendan endeudarnos los norteamericanos sostienen todo lo contrario:

    «Estados Unidos está peligrosamente dependiendo de prestamistas internacionales. Japón, China, y otros países son poseedores de la mitad de nuestra deuda pública. Hipotecando la nación a prestamistas internacionales conlleva graves riesgos económicos y geopolíticos que ningún gran país debe permitir».

    En la misma edición de «The New York Times» se anuncia que Estados Unidos destinará 200 mil millones de dólares para evitar la quiebra de las dos principales instituciones de créditos hipotecarios. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, declaró que el Estado debe intervenir ya que «este torbellino afectaría directamente a las finanzas de las familiasnorteamericanas: desde el presupuesto-familiar al valor de los hogares, así como los ahorros para pagar la educación de los hijos y el dinero necesario para las jubilaciones».

    Al contrario de lo que sucede en nuestro país la intervención del Estado norteamericano en dichas entidades contará con el apoyo de ambos partidos que disputan la próxima elección presidencial. A nadie en su sano juicio se le ocurre que el Estado pueda abandonar a sus ciudadanos. Tampoco éstos lo aceptarían. Estados Unidos adoptó una economía de mercado pero no a costa de sacrificar a sus habitantes.

    Las palabras son diferentes, pero los objetivos buscados por nuestro gobierno tanto en la oposición al endeudamiento externo o en el salvataje de una empresa estratégica como Aerolíneas son similares a los expuestos por los acérrimos defensores del capitalismo en Estados Unidos. No es un problema de ideologías. Es que en ciertos temas hay que ser muy mezquino o muy ignorante para no priorizar el bienestar común.

    El círculo vicioso creado por los fondos buitres, unos pocos analistas de Wall Street y cierto periodismo hostiga a Cristina de Kirchner por no arrodillarse frente a los especuladores o convertir al país en un buen negocio para banqueros como lo fue en los 90. Algo que, como vemos, no pueden hacer en Estados Unidos.
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