El 25 a la Plaza a pie
Obsesivo por controlar cada detalle, Néstor Kirchner hizo lo inevitable: se puso, en persona, al frente de la organización de la «plaza del sí», para garantizar que la movilización sea masiva y, además, evitar que se empañe con las clásicas postales de micros amontonados en la 9 de Julio, tan antipáticos para el público porteño, que no gusta de las grandes concentraciones de masas. No es que ordenó no usar colectivos para acercar militantes; pidió que los dejen al otro lado de la General Paz, en las orillas de la Capital Federal, desde donde sindicalistas, piqueteros e intendentes deberán movilizarse a pie, encabezando la columna del sector que representen. Por otro lado, sólo podrán portar banderas argentinas y alguna pancarta para identificar de qué provincia son o a qué gremio pertenecen. Esta pauta, en general, nunca se cumple, pero Kirchner avisó que será riguroso con quienes no respeten la disposición de camuflar el «aparato».
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Baldomero «Cacho» Alvarez
De la Sota, dicen en la Casa Rosada, prometió enviar un tren repleto de kirchneristas cordobeses, mientras Pedraza se acercó a los organizadores del acto a juramentar que mandará a sus afiliados de la Unión Ferroviaria a gritar «sí, Kirchner» en la plaza del «sí Kirchner».
El mensaje es claro: no sólo se quieren camuflar los rastros de la movilización clásica de los aparatos sino que, sobre todo, Kirchner quiere ser la única estrella de la tarde porque según el manual organizador cada cacique deberá estar en la plaza al frente de su conducidos.
La excepción serían los gobernadores. Un premio para De la Sota, Felipe Solá -que promete encabezar una movilización-, el misionero Carlos Rovira y el entrerriano Jorge Busti -que sueña con una caravana- que se dedicaron a programar «tours» desde sus provincias para la «plaza del sí».
Todos tendrán que animar la ficción general: la que indicará que las 200 mil personas que se esperan -cálculo que Carlos Zannini hizo una tarde del último enero santacruceño- llegarán a la plaza, espontáneas, para festejar los tres años del gobierno Kirchner.
Ese montaje ofrecerá algunas postales para el anecdotario: el ministro Aníbal Fernández y su protegido, el intendente Sergio «Chino» Villordo, prometieron a Kirchner que llegarán a la plaza al frente de una caravana de gauchos que partirá desde Quilmes.
El ex duhaldista Baldomero «Cacho» Alvarez, en tanto, mandó a decir que está dispuesto a encarnar una remake modelo 2006 del 17 de octubre de 1945: una columna partirá caminando desde Avellaneda y cruzando el puente de La Boca llegará hasta Plaza de Mayo.
Otro alcalde, Julio Pereyra, de Florencio Varela, participará de una bicicleteada que saldrá de su distrito y recorrerá, por la Calchaquí, los 40 kilómetros hasta Capital Federal. Mussi saldrá en micros desde Berazategui pero llegará a pie a la Casa Rosada. La orden del gobierno es sencilla: evitar la aglomeración de colectivos en la 9 de Julio, para lo cual las tropas que lleguen del conurbano dejarán sus micros en los arrabales porteños, mientras otros usarán los trenes que, como los subtes, ese día serán gratis. Cree que con eso evitará la imagen negativa que tienen esas movilizaciones en el público de la Capital Federal, poco afecto a esos alardes de fuerza.
Será ése el medio de movilización preferido de los piqueteros K, que se quedaron con ganas de concurrir el 24 de marzo, al cumplirse 30 años del golpe de Estado. Para ese día, el gobierno, a instancias de Oscar Parrilli, imaginaba un acto pro Kirchner, pero debió suspenderlo dos días antes.
En las conversaciones que tuvo en los últimos días, Kirchner pidió que sólo lleven « banderas argentinas» y alguna pancarta que permita identificar a qué provincia, municipio o sector representa la columna.
Los organizadores de Compromiso K insisten, a pesar de toda la parafernalia de gobernadores, intendentes y sindicalistas, con que la plaza será espontánea y auténtica. Es la fantasía de un 17 de Octubre propio, en pleno otoño, medio siglo después del que inventó al peronismo.
«La gente quiere estar en la plaza para acompañar al Presidente», explica Roberto Porcaro, uno de los armadores de la plaza. Según esta visión, lo único que deben hacer los dirigentes es poner a disposición de los vecinos medios para que se acerquen al acto.
El show está en marcha.



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