"Yo renuncio", gritó Alfredo Bravo y dio un portazo ante los 25 dirigentes que conforman la mesa política nacional del Partido Socialista Democrático, del que es -o era-secretario general. El socialista se retiró así el viernes abruptamente de la sede central del PSD en la avenida Entre Ríos 488 del centro porteño, ante la catarata de quejas por el resultado electoral que le dejó provisoriamente la banca de senador por la minoría en Capital Federal (Gustavo Béliz la podría reclamar o alcanzar tras el escrutinio definitivo). «¡Encima lo cuentan, si las listas las cerraron en la pieza de la gorda y sentados en la cama de ella! «Refunfuñó así uno de los dirigentes, en alusión al dormitorio de Elisa Carrió, líder de Alternativa por una República de Iguales, movimiento que integra el socialismo democrático. En esa reunión doméstica habrían participado solamente Bravo y Oscar González -segundo del PSD- junto a la radical, para decidir la nómina de candidatos a diputados nacionales. A pesar de todo sostienen que a Bravo no se le aceptaría, la renuncia.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La reunión de los representantes provinciales y de la Capital Federal con semejante desenlace pasó a un cuarto intermedio sin fecha, pero la conducción quedó de hecho partida: por un lado Bravo y González y por otro el legislador porteño Raúl Puy, el ex secretario del Gobierno porteño, Norberto La Porta y el tucumano Héctor Bravo. Ese triunvirato redactó un documento que tituló «El huracán se transformó en una brisa que dejó sabor amargo para todos», (una imitación, casi con nostalgia, de los largos títulos de los ensayos de Lenín) en el que desarrollan una extensa critica al proceso de campaña electoral y a la conducción del ARI. Para empezar a los diputados nacionales del PSD les quitaron la representatividad en el ARI, que reemplazarán, si pueden, por una «representación pluralista» y luego reafirmaron «la autonomía del PSD y la voluntad de mantener abierto el diálogo con todos los sectores progresistas». A. Bravo había abierto la reunión con un discurso en el que justificaba el resultado electoral, que no llegó a 17% en la ciudad de Buenos Aires con el ingreso de dos diputados al Congreso (Héctor Polino y Laura Mussa) e incluso consideró positivo. Excepto Jorge Rivas, quien reeligió banca por la provincia de Buenos Aires, el resto de los dirigentes del interior se hizo oír. Machacaron sobre la campaña electoral: «se escondieron detrás de la gorda y ni Polino ni La Porta (como tercer candidato no entró) aparecieron». Siguieron por el permiso que se otorgó a Dante Gullo para que fuera con partido propio como primer candidato a diputado nacional, pero con la fórmula Bravo-Susana Rinaldi al Senado, lo que en la práctica significa que el socialista compitió por dos partidos o alianzas distintas (ARI y Nuevo Milenio, de Gullo) cuando la Constitución concede la banca al Senado por la minoría «al partido o alianza» que saliera segundo en la elección. El socialismo impugnó ante la Justicia Electoral el permiso a Gullo, pero Bravo lo concilió luego con Carrió. «La responsabilidad de las listas es más de Bravo y González que de nadie, porque Carrió solo pidió poner a Mussa y a Liliana Chiernajowsky (esposa de Chacho Alvarez)», explicaron los protestantes que también vieron mal el veto a la mujer del ex vice-presidente que impuso el candidato a senador, lo mismo que negarse a mantener conversaciones con Ibarra.
Ahora Bravo debería convocar a una reunión que analice su propia renuncia y lleve a la práctica, especialmente en el punto que en el documento reza: «El Partido no acepta el modelo movimientista de adhesión a una figura, ni está dispuesto a incurrir en el mero seguidismo irracional».
Dejá tu comentario