El armado de listas ya acelera la puja por los cargos del gabinete
-
Mientras resuelve su conducción bonaerense, la UCR apunta al 2027 con un escenario de tres tercios
-
La agenda de Milei en Israel: visita al Muro de los Lamentos y encuentro con Netanyahu
León Carlos Arslanian y Alberto Iribarne
Arslanian cree agotado su ciclo como ministro de Seguridad en la provincia de Buenos Aires y también debe padecer alguna tensión derivada del conflicto entre Eduardo Duhalde y Felipe Solá: al penalista se lo ve con mucha frecuencia visitando al hombre de Lomas en las oficinas de Chiche sobre la calle Hipólito Yrigoyen. «¿Irá a informar?», se preguntó un duhaldista cuando se lo consultó sobre la insistencia de esas visitas.
Otro que mira el cargo que dejaría libre Rosatti con gran codicia es Aníbal Fernández. No es que lo pretenda para sí, sino para Joaquín da Rocha, quien actualmente ocupa la banca que le corresponde al Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura.
Da Rocha tiene un viejo vínculo con Aníbal F. desde los tiempos en que ambos formaban parte del duhaldismo estricto.
También él necesitaría que mejoren las relaciones con Duhalde para llegar al cargo. Y, como Arslanian, le sería imprescindible otro requisito: que Kirchner decida confiar las relaciones con la Justicia a un ministro con plenos poderes y no a un triunvirato, que preside Carlos Zannini e integran Alberto Fernández y Rosatti, como ocurre hoy.
Pablo Lanusse, el fiscal que ofició como interventor en Santiago del Estero, también tiene la ilusión de que lo conviertan en ministro. Pero es una ambición pasajera: su padrino, el jefe de Gabinete, apuesta todo a Iribarne; apenas si puede mantenerlo en carrera, sin garantías de éxito, como candidato a diputado por la Capital.
• Perfil académico
Queda un «tapado», el actual secretario de Política Criminal de Justicia, Alejandro Slokar, quien podría mantener la cartera dentro de un perfil académico y aportarle al gobierno los antecedentes en estudios sobre Derechos Humanos que acredita este abogado. Aunque se trata del candidato con más bajo perfil, no habría que perderlo de vista si Iribarne fracasa.
Esta posibilidad es la que barajaban quienes en el acto partidario de Obras, el miércoles, especulaban sobre la posibilidad de que también Iribarne termine postulándose para una diputación.
A este dirigente del PJ Capital de toda la vida se lo conoce ya cariñosamente como «Juan José Paso». La comparación con aquel secretario de la Primera Junta es imaginativa. Paso fue una figura de tono menor, jamás altisonante, que pasó por todos los gobiernos. Fue secretario de esa Junta, participó de la Junta Grande, integró uno de los triunviratos y, si se revisa el organigrama del Estado allá por los '40 del siglo XIX, se lo puede descubrir, ya anciano, en algún cargo público.
Con Iribarne sucede lo mismo. Hoy es el principal aliado político de Alberto Fernández, a quien le habilitó su estrecho vínculo con Eduardo Duhalde. Fue Fernández quien lo promovió para la Secretaría de Seguridad.Hasta ese entonces había sido síndico general de la Nación. A esa función llegó después de haber prestado servicios para Duhalde como titular de la Casa de la Moneda, primero, y como secretario de Seguridad, más tarde.
Durante los dos años anteriores, Iribarne había sido un pez fuera del agua: debió pasar ese lapso en el llano, obligado por el hecho de que gobernaba la Alianza.
Sin embargo, en la gestión de Carlos Menem, este abogado porteño fue viceministro de Interior con Carlos Corach y con Carlos Ruckauf.
Esta versatilidad de Iribarne permite que hoy, cuando el PJ Capital habla de renovación y de buscar un nuevo trato con el electorado, él pueda estar también formando parte de la revolución, escoltando a Cristina Kirchner y a Alberto Iribarne en Obras.
Quienes lo proponen como candidato descuentan que podría ocupar el lugar en la lista sin renunciar a la Secretaría de Seguridad, que hoy ocupa discretamente, debajo de Aníbal Fernández. Para el gobierno, ocupar esa secretaría fue una operación traumática y por eso ahora el kirchnerismo descubre que le resultará difícil encontrar un reemplazante.




Dejá tu comentario