29 de abril 2005 - 00:00

El armado de listas ya acelera la puja por los cargos del gabinete

León Carlos Arslanian y Alberto Iribarne
León Carlos Arslanian y Alberto Iribarne
Las listas de diputados del peronismo prometen conmover el gabinete nacional más allá de las piezas que pueden moverse en el campo de la política exterior, si es que Rafael Bielsa termina por dejar el gabinete para buscar un lugar en el Congreso.

Además de las expectativas que se abren sobre el Banco Nación si Felisa Miceli se convierte en candidata y de la batalla que se librará debajo de Roberto Lavagna por la Secretaría de Defensa de la Competencia, que ocupa Patricia Vaca Narvaja. También el Correo oficial abre una hendija para ambiciosos si Eduardo Di Cola va a la campaña electoral cordobesa. Francisco Larcher, en la SIDE, da palos de ciego a través de sus vínculos con los medios de comunicación para evitar que Héctor Icazuriaga, seguramente candidato a diputado por Santa Cruz, deje el paso libre a un adversario en la cúpula del espionaje. Por eso a veces manda a castigar a Dante Dovena y otras a Daniel Varizat. No se sabe la razón por la cual Larcher sospecha que Kirchner no lo promoverá a él a la primera fila.

Sin embargo, en el estadio de Obras Sanitarias la vacante sobre la que más se especulaba era la del Ministerio de Justicia. Como Bielsa, Horacio Rosatti es otro candidato seguro a encabezar una lista de diputados, en su caso, la de Santa Fe.

La cartera vacante quedaría para Alberto Iribarne, uno de los escoltas de Cristina Kirchner en el tablado de los oradores del miércoles pasado. Pero son muchos los que apuestan en contra de Iribarne, a pesar de que cuente con el padrinazgo de Alberto Fernández.

Uno de los más atentos observadores de este movimiento está en La Plata. Es León Carlos Arslanian, quien le confesó a un íntimo el sueño de regresar al Ministerio de Justicia, que debió abandonar cuando calificó la composición de la Cámara Nacional de Casación Penal como «un esperpento». Fue durante el gobierno de Carlos Menem.

Arslanian
cree agotado su ciclo como ministro de Seguridad en la provincia de Buenos Aires y también debe padecer alguna tensión derivada del conflicto entre Eduardo Duhalde y Felipe Solá: al penalista se lo ve con mucha frecuencia visitando al hombre de Lomas en las oficinas de Chiche sobre la calle Hipólito Yrigoyen. «¿Irá a informar?», se preguntó un duhaldista cuando se lo consultó sobre la insistencia de esas visitas.

Si se sellara
un pacto de la Casa Rosada con Duhalde, tal vez a Arslanian se le facilitaría el pase. Juzgó a las juntas militares, y ese antecedente podría equilibrar, en la tabla de valores de Kirchner, el hecho de haber sido ministro de Menem, abogado de Víctor Alderete o enemigo de Juan Carlos Blumberg.

Otro que mira el cargo que dejaría libre
Rosatti con gran codicia es Aníbal Fernández. No es que lo pretenda para sí, sino para Joaquín da Rocha, quien actualmente ocupa la banca que le corresponde al Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura.

Da Rocha
tiene un viejo vínculo con Aníbal F. desde los tiempos en que ambos formaban parte del duhaldismo estricto.

También él necesitaría que mejoren las relaciones con Duhalde para llegar al cargo. Y, como
Arslanian, le sería imprescindible otro requisito: que Kirchner decida confiar las relaciones con la Justicia a un ministro con plenos poderes y no a un triunvirato, que preside Carlos Zannini e integran Alberto Fernández y Rosatti, como ocurre hoy.

Pablo Lanusse
, el fiscal que ofició como interventor en Santiago del Estero, también tiene la ilusión de que lo conviertan en ministro. Pero es una ambición pasajera: su padrino, el jefe de Gabinete, apuesta todo a Iribarne; apenas si puede mantenerlo en carrera, sin garantías de éxito, como candidato a diputado por la Capital.

• Perfil académico

Queda un «tapado», el actual secretario de Política Criminal de Justicia, Alejandro Slokar, quien podría mantener la cartera dentro de un perfil académico y aportarle al gobierno los antecedentes en estudios sobre Derechos Humanos que acredita este abogado. Aunque se trata del candidato con más bajo perfil, no habría que perderlo de vista si Iribarne fracasa.

Esta posibilidad es la que barajaban quienes en el acto partidario de Obras, el miércoles, especulaban sobre la posibilidad de que también
Iribarne termine postulándose para una diputación.

A este dirigente del PJ Capital de toda la vida se lo conoce ya cariñosamente como
«Juan José Paso». La comparación con aquel secretario de la Primera Junta es imaginativa. Paso fue una figura de tono menor, jamás altisonante, que pasó por todos los gobiernos. Fue secretario de esa Junta, participó de la Junta Grande, integró uno de los triunviratos y, si se revisa el organigrama del Estado allá por los '40 del siglo XIX, se lo puede descubrir, ya anciano, en algún cargo público.

Con Iribarne sucede lo mismo. Hoy es el principal aliado político de Alberto Fernández, a quien le habilitó su estrecho vínculo con Eduardo Duhalde. Fue Fernández quien lo promovió para la Secretaría de Seguridad.Hasta ese entonces había sido síndico general de la Nación. A esa función llegó después de haber prestado servicios para Duhalde como titular de la Casa de la Moneda, primero, y como secretario de Seguridad, más tarde.

Durante los dos años anteriores, Iribarne había sido un pez fuera del agua: debió pasar ese lapso en el llano, obligado por el hecho de que gobernaba la Alianza.

Sin embargo, en la gestión de Carlos Menem, este abogado porteño fue
viceministro de Interior con Carlos Corach y con Carlos Ruckauf.

Esta versatilidad de Iribarne permite que hoy, cuando el PJ Capital habla de renovación y de buscar un nuevo trato con el electorado, él pueda estar también formando parte de la revolución, escoltando a Cristina Kirchner y a Alberto Iribarne en Obras.

Quienes lo proponen como candidato descuentan que podría ocupar el lugar en la lista sin renunciar a la Secretaría de Seguridad, que hoy ocupa discretamente, debajo de Aníbal Fernández. Para el gobierno, ocupar esa secretaría fue una operación traumática y por eso ahora el kirchnerismo descubre que le resultará difícil encontrar un reemplazante.

Dejá tu comentario

Te puede interesar