El autoritarismo se paga en votos

Política

Las recetas improvisadas suelen convertirse en un veneno peor que la enfermedad. El kirchnerismo, con ese ánimo airado que emplea el Presidente para castigar a los adversarios, impuso en los bloques legislativos del Congreso un autoritarismo férreo que no todos toleraron. En la sesión del miércoles, el oficialismo vio frustrada la intención de aprobar un polémico régimen legal para la nueva empresa estatal de aguas (AySA) porque le faltaron tres votos para el número mínimo para lograrlo. Pagó así el despido que se ordenó de la santafesina María del Carmen Alarcón (rechazaba la prohibición de exportar carne), del santacruceño Eduardo Arnold (por inquinas internas de esa provincia), y la mortificación que se ejerció sobre el porteño Miguel Bonasso por insistir en ideas ecológicas que no gustan en el gobierno.

El kirchnerismo pagó el miércoles el costo del autoritarismo que impuso en su bloque de diputados. Estuvo a apenas tres votos de conseguir quórum propio, pero le faltó el apoyo de los legisladores expulsados del Frente para la Victoria: María del Carmen Alarcón y Eduardo Arnold, y del transversal Miguel Bonasso, todos enfrentados ahora con la Casa Rosada.

Cuando la oposición se retiró del recinto para hacer caer la sesión, la bancada oficialista que comanda Agustín Rossi había logrado sentar a 126 diputados, entre propios, radicales kirchneristas y aliados del Peronismo Federal. Estuvo a tan sólo tres legisladores de neutralizar -necesitaba 129- la maniobra de la UCR, el PRO, el ARI y el lavagnista Justicialismo Nacional. Y ayer desde la conducción del bloque kirchnerista lamentaron la falta de apoyo de los diputados que fueron separados de la bancada por orden de Néstor Kirchner:   

  • La santafesina Alarcón fue la primera en ser desterrada del oficialismo y de la presidencia de la Comisión de Agricultura, Ganadería y Pesca por oponerse a la veda a las exportaciones vacunas. La dirigenta del disidente bloque Pampa Sur pivotea ahora entre las huestes de Roberto Lavagna, el peronismo disidente de Jorge Sobisch y el frente que impulsa Hermes Binner en Santa Fe.

  • El santacruceño Arnold fue la última baja oficial. Hace dos semanas fue expulsado del bloque a pedido de Dante Dovena, comisario político de Kirchner en la Cámara baja. El patagónico rebelde, que fue vicegobernador de Santa Cruz en fórmula con el Presidente, ya venía criticando la imposibilidad de disentir dentro del bloque,pero su participación en la cumbre de peronistas no alineados que organizó Ramón Puerta disparó la ira presidencial. Otra baja que capitalizó la oposición ya que Arnold se postulapara gobernador de Santa Cruz y está cada vez más cerca de Lavagna.   

  • Bonasso es otro caso paradigmático. El periodista diputado abandonó ayer el recinto indignado porque una vez más el kirchnerismo trabó el tratamiento de la Ley de Bosques que declara la emergencia forestal en todo el país. Pero el legislador transversal sufrió el boicot de los legisladores kirchneristas de Misiones, Salta y Formosa, quienes por una indicación de sus gobernadores se opusieron a la iniciativa que contaba con preferencia para ser debatida y buscaba frenar los desmontes afectando así la industria maderera y la radicación de nuevos cultivos.

    También la época navideña conspiró contra el oficialismo. Muchos diputados kirchneristas se quedaron en sus provincias, los jujeños se vieron afectados por la cancelación de vuelos, algunos como Mariano West estaban visitando al Presidente en la Casa Rosada y otras mujeres afectadas por el calor abandonaron temprano el recinto -la entrerriana Blanca Osuna alegó dolor de huesos y Juliana Di Tullio, una descompostura no se sabe de qué índole-.

    No alcanzó entonces el apoyo de los neokirchneristas conducidos por José María Díaz Bancalari ni del puñado de radicales K representados por el catamarqueño Genaro Collanes y el bonaerense Roberto Costa. La oposición estaba exultante. El jefe radical Fernando Chironi, el macrista Federico Pinedo y el lavagnista Jorge Sarghini se ilusionaron con poder revitalizar el rol controlante de la Cámara de Diputados, dominada hasta el momento por la amplia mayoría oficialista. En la vereda contraria, el jefe de los diputados kirchneristas, Agustín Rossi, denunció la intención de la oposición de paralizar el Parlamento. «La Cámara vivió una jornada de bochorno por la actitud de los diputados que en vez de cumplir con el trabajo para el que fueron elegidos por la gente, aprovecharon la ausencia circunstancial y momentánea de una ínfima parte del oficialismo para impedir el tratamiento del marco regulatorio de AySA y de más de una docena de proyectos propuestos por todos los bloques», disparó ayer el santafesino, precandidato para gobernar su provincia en 2007.
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