31 de marzo 2005 - 00:00

El día en que Kirchner perdió dos candidatos

«La política no es para mí», dijo, angelical, uno. «Mi única campaña es contra el hambre», aportó, filántropo, el otro. Luis Farinello y Víctor De Gennaro, dos de los extrapartidarios que la Casa Rosada tildaba como posibles candidatos propios le aplicaron ayer un «no, gracias» a Néstor Kirchner.

Casi en paralelo, el cura de Quilmes y el líder de la CTA tumbaron el circo oficial que, con auspicio del gobierno, se empezaba a montar y los incluía en listas digitadas por el presidente para competir en la provincia de Buenos Aires en octubre próximo.

En las alquimias, numerosas y muchas veces contradictorias, que pergeña el kirchnerismo, Farinello y De Gennaro surgían como «figuras» para alimentar el esquema de Kirchner de incorporar referentes ajenos a la estructura dura del peronismo, puntualmente el duhaldista.

Lo llamativo, sin embargo, es que Kirchner terminaba recurriendo en dos personajes que, a su modo, con matices y en el caso de Farinello quizá hasta con algo de ingenuidad, tuvieron terminales en Eduardo Duhalde. Es decir: Kirchner emula a Duhalde.

Repasemos el pasado reciente: en 2001, el sacerdote se aventuró con el Polo Social a pelear por la candidatura a senador nacional, en los papeles en contra de PJ duhaldista. Pero, lo comprobó después, terminó siendo mágicamente funcional al ex presidente.

Vistos los números, Farinello se cargó un puñado nada despreciable de votos que parecían destinados a Raúl Alfonsín o Jorge Barracchia, radical que gobernó por años Trenque Lauquen y saltó al ARI de Elisa Carrió. Con esto, fue estrictamente funcional al peronista.

Un dato más:
como no consiguió armar boletas propias en todas las secciones y municipios, con una suspicacia leguleya los duhaldistas le colgaron sus propias boletas del PJ a la general de Farinello. Es decir: por arriba y por abajo, el cura sumó para Duhalde. Por esa vía fueron diputados Daniel Carbonetto y Francisco Gutiérrez ( nacionales) y Luis D'Elía.

Debe otorgarse al sacerdote el beneficio del desconocimiento: demasiado tarde entendió que había sido víctima de una trampa magistral que, razonablemente, no quiere que se repita de nuevo. Por eso, ayer oficializó que no aceptará ser candidato como le propusieron tribus kirchneristas.

«La política no es para mí
-dijo-; hay que tener malicia, hay que tener ambiciones, es imposible ser sincero. Yo quiero estar con la gente, lo mío es ser sacedote.» No es un mensaje inicuo para Kirchner y los suyos, vía Luis D'Elía, que lo tentaron con una postulación.

• Oferta

El cura reconoció que recibió la oferta y la atribuyó a que, por haber participado de un acto de grupos piqueteros, se malinterpretó que estaba acompañando ese proyecto. «Pero ya les dije a los muchachos que no», se despidió.

En el entramado
Farinello estuvo de la mano de D'Elía que, no casualmente, también participó de otra movida kirchnerista para alambrar a De Gennaro. A los tres, el cura, el piquetero y el gremialista, los une un ferviente catolicismo. Pero no los enlaza la política, precisamente.

Al punto que, mientras en un lado apostó a la concordia, en el otro
D'Elía jugó al caos: animó a Farinello, pero atentó contra la opción De Gennaro que, en absoluto secreto, suele cruzar opiniones con Duhalde y con quien comparte una especie de fascinación por Lula da Silva.

Hay muchos motivos, pero se puede sintetizar en dos. El principal es que D'Elía pulsea con
De Gennaro por el control de la CTA y ve al dirigente estatal «tomado» por «la ultraizquierda», a lo que atribuye las críticas -siempre mesuradas- que éste lanza contra el gobierno.

El anexo es que si
De Gennaro se convierte en el referente callejero del kirchnerismo, desplaza o tapona al líder de la FTV.

Una guerra paralela libra con
Alberto Balestrini, el intendente de La Matanza, con quien mantiene una vieja rivalidad que recién ahora se apaciguó porque ambos, a pesar de alianzas tácticas con Felipe Solá, tributan en la misma mesa: Néstor Kirchner.

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