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28 de agosto 2007 - 00:00

El fallo avalaría las denuncias

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Julio De Vido
A simple vista, la absolución de Elisa Carrió parece un dato si no beneficioso al menos funcional, a la Casa Rosada. Una condena, aún en suspenso, hubiera colocado a la candidata presidencial en un plano de victimización que habría explotado durante la campaña.

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Sin embargo, hay un costado menos visible que requiere atención: sin profundizar en los argumentos del fallo judicial, que Carrió haya salido indemne -ni siquiera fue multada- se traduce como un aval, acaso indirecto, pero aval al fin, a sus denuncias.

Desde ese enfoque, una aproximación superficial a las acusaciones que desplegó la dirigente, supone otro dolor de cabeza en momentos en que el gobierno aparece bombardeado por sospechas y denuncias sobre desmanejos, desde Skanska hasta el valijazo.

La denuncia de Carrió impacta sobre actores relevantes del gobierno, y hasta llega con sus esquirlas a tocar la figura de Néstor Kirchner. A continuación, el detalle:

  • El primer acto, sobre el que Carrió monta su imputación, es el crimen del empresario pesquero Raúl « Cacho» Espinosa, ocurrido el 30 de octubre de 2003 cuando arribaba a su casa en Puerto Madryn, en Chubut, tendría como móvil el afán de otras empresas por hacerse del control de San Isidro, algo a lo que la víctima se oponía al estar enemistado con los dueños de la compañía Conarpesa. En ese circuitoaparece Héctor Antonio,-hijo del dirigente peronista Jorge Antonio, quien fue el querellante en el juicio que concluyó ayer. Antonio hijo fue acusado por la viuda de Espinosa, Lorana Gabarrús, como quien estaba «a la cabeza de todo». Antonio tiene toda su biografía ligada a los oficialismos peronistas, los negocios y el turf. Hasta tuvo una yegua llamada «Lakarrió».

  • En paralelo, Carrió apunta que todas las empresas implicadas en ese incidente habrían aportado fondos para la campaña electoral de Néstor Kirchner y menciona, incluso, a Espinosa, quien había arrimado u$s 60 mil en tres cuotas de u$s 20 mil cada una. Carrió agrega que, según Gabarrús, serían Rudy Ulloa Igor (ex chofer del ahora presidente) y Claudio Uberti (recientemente desplazado del OCCOVI) los que pedirían plata a las pesqueras para la campaña electoral de Kirchner. «Quien más insistía era Uberti.»

  • Por otro lado, la dirigenteexploró la «coincidencia» de que Antonio -representante de Pescafina, que comercializa en Europa los langostinos capturados por Conarpesa-, Alvarez Cornejo y el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, la querellaran por sus declaraciones acerca del negocio de la pesca en la Patagonia y el crimen de Espinosa. «Hay una suerte de íntima conexión entre los tres. De Vido es amigo de Antonio», manifestó la ex diputada, anoche absuelta de toda calumnia y toda injuria en fallo que es, además, todo un antecedente para quienes hagan política oral pública de ahora en adelante.
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