El claroscuro en el peronismo no puede ser más evidente. Néstor Kirchner embiste sin disimulo contra el duhaldismo mientras Eduardo Duhalde mezquina el cuerpo a cuerpo, a la espera del momento oportuno -que no sabe cuándo llegarápara estrechar la mano; o golpear.
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Huele a posicionamiento, a táctica para llegar con más resto a una eventual mesa de negociación donde se geste un pacto sin pólvora ni sangre. Sin embargo, nada garantiza que no haya un desmadre y el Presidente y el ex encaren octubre con boletas separadas. Ayer, para alimentar esa pulseada, el gobierno repartió gruñidos contra el duhaldismo en lo que parece una manera de meterle presión a Duhalde para apurar un acuerdo político por el armado de los listas que el bonaerense, por ahora, quiere dilatar todo lo posible.
Bastó, apenas, que el PJ duhaldista reúna un congreso anodino y amague con crucifixiones que nunca ejecuta -la sanción a quienes integren otras listas-, para que la Casa Rosada lo lea como una herejía y castigue al ex presidente en su costado más flaco: el corporativismo partidario. Ante ese mínimo (casi formal) gesto de poderío duhaldista, los Fernández -Alberto y Aníbal-atropellaron lo que definen como «pejotismo». Demuestra una «formidable debilidad» dijo el jefe de Gabinete. «No acepto que se convierta en un tribunal controlador», dijo el quilmeño.
El ministro del Interior fue más lejos: estimó que ve «cada vez más lejos» la posibilidad de un acuerdo entre Kirchner y Duhalde para confeccionar en conjunto las listas de candidatos del peronismo que competirán en las legislativas del 23 de octubre.
Y aunque dijo que en el duhaldismo están algunos de sus «mayores amigos», no dudó en sostener que el congreso partidario «se convirtió en un tribunal disciplinador» que «poco satisface» al gobierno. No hay duda de que Fernández actuó como vocero de Kirchner. Esa tarea también recayó en Alberto Fernández que cuestionó que «si un partido tiene que amenazar a sus miembros con expulsarlos si llegan a desenamorarse del partido, demuestra la formidable debilidad que tiene».
Sin embargo, si el plan era generar reacciones del otro lado del ring, el objetivo del Presidente no se alcanzó. A pesar de las quejas de los Fernández, el duhaldismo continuó -al menos en las declaraciones públicascon la tónica pacifista que les impuso su jefe.
El presidente del Consejo del PJ, José María Díaz Bancalari, y el intendente de Avellaneda, Baldomero «Cacho» Alvarez, entre otros, prefirieron responder con flores a los hachazos del gobierno. Los tres, con matices, apostaron a un acuerdo entre Kirchner y Duhalde.
Hasta Mabel Müller, chichista que no oculta su inquina con el matrimonio Kirchner, se mostró pactista. «Todavía no hay acuerdo», dijo pero «no está dicha la última palabra».
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