Alberto Rodríguez Saá cometió dos deslices: organizar la exhibición del documental: «La felicidad del pueblo no es una metáfora (la revolución peronista de San Luis») en un hotel usurpado e invitar al dueño.
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La respuesta de Emilio Ugolini le debe haber empañado el preestreno a Rodríguez Saá, que imaginó un festival para exhibir la versión cinematográfica de su gestión. Después de todo, en la provincia construyó su propio Hollywood.
Ugolini le recordó al candidato que por su condición de abogado no debería convalidar la usurpación del hotel Bauen «en estado de quiebra, en donde no pueden entrar las autoridades argentinas, las policiales, las judiciales, ni ninguna otra persona que no sea de confianza de los grupos usurpadores trotskistas y comunistas que lo mantienen bajo una máscara de cooperativa de trabajadores por la fuerza, a pesar de las diferentes órdenes de desalojo».
Ugolini al declinar la invitación le dijo: «Usted no debe haber sido advertido de esta situación que pone en peligro a su persona en tal lugar».
Más adelante le señaló con ironía el riesgo de que en medio de su discurso lleguen patrulleros a desalojar el lugar o los usurpadores provoquen hechos de violencia.
Ugolini le recordó al candidato que «Buenos Aires tiene infinitas salas, miles de lugares para exhibir films de logros provinciales».
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