12 de marzo 2004 - 00:00

El laberinto de la transversalidad

A pocos días de la cumbre que reunió en Córdoba a un ex y dos intendentes de las tres ciudades más importantes del país, continúa una creciente molestia por parte de sus protagonistas, porque el gobierno le retaceaba promoción a ese núcleo declarado a priori como pro kirchnerista y paralelo al PJ. Para ellos se trata de necesidades concurrentes: tanto de sí mismos como del gobierno de Néstor Kirchner, de tener colocado un pie político en los distritos electoralmente más poderosos. Coincidente por otra parte con las intenciones del acto de ayer en Parque Norte, cita a la que el trío de jefes territoriales -Hermes Binner (Rosario), Luis Juez ( Córdoba) y Aníbal Ibarra ( Capital Federal)-, asistió a medias: vino a través del cordobés.

No hay que pensar en un agrupamiento político, al menos no por ahora, aunque desde la Casa de Gobierno en Plaza-de Mayo se imaginen que ya tienen puesta una pica en Flandes en los territorios cuyos votos regentean, desde las últimas elecciones, hombres como Carlos Reutemann, José Manuel de la Sota o la dupla Ricardo López Murphy-Mauricio Macri.

• Socialista esquivo

Es elocuente la postura del socialista Binner, que no sólo esquivó pronunciarse sobre el futuro político del encuentro con Juez e Ibarra, sino que eligió subrayar por qué se reunieron. «Somos referentes de tres grandes centros urbanos que estamos preocupados por la pobreza y marginalidad crecientes que estamos observando», dijo el ex intendente de Rosario. Y se subió a la transversalidad, sin mencionarla, cuando agregó que «se vuelve a debatir el federalismo y la coparticipación».

En realidad en Santa Fe se está discutiendo si se lleva adelante una reforma constitucional, y Binner defendió los fueros rosarinos al señalar que «hoy se pasa al más crudo unitarismo en los municipios». Agregó que «no hay gobernabilidad democrática sin plata», aclarando que mientras que en España la distribución de los ingresos fiscales es 50% para la Nación, 30% para las autonomías provinciales y 20% para los municipios, «¡aquí nos derivan sólo 6%!», bufa con fastidio.

Binner escapa una y otra vez a una definición política «transversal», remarcando en cambio que «nosotros no nos planteamos ser convocantes de nada». Imagina con ingenuo optimismo que se puede lograr «la inclusión local votando propuestas locales» y reitera que «no queremos ser parte de la criatura».

¿Con Juez e Ibarra ocurre lo mismo? Allegados a los tres aseguran que exhiben un común denominador: gobiernan en territorio hostil. Juez está enfrentado a De la Sota, que es un jefe histórico del PJ en Córdoba. Haber ganado la intendencia de Córdoba no parece suficiente como performance para reinar sobre un peronismo -y un radicalismo-, que conservan fuertes estructuras locales. Por otra parte, Juez debe responder a un electorado independiente de mudable opinión: hizo intendente, y más tarde repudió, a un dirigente liberal y menemista confeso como Germán Kammerath.

• Desacreditados

Ibarra es parte del deshilachado Frepaso que alguna vez presidió su amigo Carlos Chacho Alvarez, otro desarraigado político, y que cuenta entre su galería de antepasados ilustres a salvavidas de plomo como Graciela Fernández Meijide o la bonaerense Mary Sánchez. Tan desacreditados como para que en la última elección no hayan podido alcanzar ninguna banca nacional o municipal.

De allí que necesiten para su supervivencia el remolque de un gobierno que, al menos en las encuestas, se observa exitoso. Y los
Carlos Kunkel de la Casa de Gobierno, al igual que lo vienen haciendo en provincias como Catamarca y La Rioja -entre otras-, los alientan porque la transversalidad les servirá tanto para mediar en la interna como para presentarse con rótulo propio. Con lo cual la posibilidad de que coexistan oficialismo y oposición, todo junto dentro del peronismo, no parece tan utópico.

Dejá tu comentario

Te puede interesar