El paro se hizo sentir en la Ciudad a fuerza de piquetes
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De a poco los manifestantes comenzaron de dejar las zonas de piquetes.
A ello se sumaron cortes de tránsito en lugares claves para el acceso a la Capital Federal: en la en la colectora de la Autopista Panamericana en el kilómetro 35, a la altura del Puente Henry Ford, en la Ruta 3 a la altura del kilómetro 21, en el Puente Pueyrredón, en el cruce de Corrientes y Callao y sobre la 9 de Julio en torno al Obelisco, entre otros, que arrancaron en las primeras horas de la mañana y se levantaron después del mediodía.
La primera huelga general desde que el kirchnerismo llegó al poder en 2003 se produjo a partir de un acuerdo que Moyano cerró no sólo con el bastión disidente de la CTA de Micheli, sino también con la CGT Azul y Blanca, que encabeza Luis Barrionuevo, uno de los grandes adversarios que tuvo el jefe camionero durante los últimos cuatro años, mientras que también adhirieron la Federación Agraria y las agrupaciones Corriente Clasista Combativa y Barrios de Pie, entre otras.
Así, las centrales opositoras unieron sus voces de protesta para exigir la universalización de las asignaciones familiares y el pago de la deuda que mantiene el Estado con las obras sociales sindicales; la eliminación del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y una suma fija de 4.000 pesos como "compensación del impuesto al trabajo".
En un acto en el Puente Pueyrredón, que conecta la Capital Federal con el conurbano sur, el titular de la CTA opositora, Pablo Micheli, definió como "un éxito" el paro nacional, al tiempo que cuestionó a "un gobierno que cierra los ojos, se tapa los oídos y no quiere escuchar a los que piensan distinto".
El líder camionero, Hugo Moyano, renovó en tanto sus críticas contra la presidenta Cristina de Kirchner, al acusarla de "ningunear" los reclamos de los gremios y señaló: "Tiene que darse cuenta que no hacen las cosas bien".
"Con Néstor Kirchner había respuestas. Ahora, no solamente no hay respuestas del Gobierno, hay ninguneo y amenazas", enfatizó Moyano, que siguió la jornada de paro desde la histórica sede de Azopardo acompañado por sus principales compañeros de la dirigencia gremial.
El Gobierno, en tanto, salió a coro a denunciar que la medida de fuerza fue "un piquetazo" y no un paro, y que la acción tiene un fin "netamente político" para perjudicar al Gobierno de Cristina Kirchner de cara a los próximos turnos electorales.
El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, advirtió que "se cortaron todos los accesos a la ciudad y las vías de los ferrocarriles o son apedreados bares en el centro porteño", por lo que la gente es "obligada a no ir a trabajar".
"Hay piquetes y acciones violentas. Condenamos este tipo de acciones que lo que hacen es ejercer violencia física sobre los que quieren ir a trabajar", agregó el funcionario y subrayó que el contexto es "muy diferente" al de la crisis de 2001.
Se refirió así a algunos incidentes registrados en la Avenida de Mayo del centro porteño, donde comerciantes denunciaron destrozos y "aprietes" de sindicalistas gastronómicos para el cierre de la locales, y las denuncias de la UTA por "intimidaciones" a los choferes de colectivos, que no se plegaron al paro.
De manera similar se manifestó el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, quien calificó la medida de fuerza como "el paro de la prepotencia y del autoritarismo" y advirtió que "ha mostrado su peor cara" por los "cortes en accesos" a la Capital Federal y "amenazas a comerciantes".
Pero la jefa de Estado fue quien cerró la embestida oficial desde San Pedro donde encabezó el acto por el Día Soberanía. "No fue una huelga, ni un paro, ni siquiera un piquete", sino "un apriete y una amenaza", lanzó Cristina y advirtió que con esa clase de acciones no la van a "correr".
"A mí no me corre nadie y mucho menos con amenazas, patoteadas o matones. Esos no son los dirigentes que querían Perón y Eva", disparó la Presidente. "De hacer huelgas en serio, donde no se movía una mosca, se pasó a lo de hoy, que no fue una huelga o paro, ni siquiera un piquete", planteó la mandataria, quien remató: "Fue un apriete y amenaza".
Al respecto, descalificó los cortes de rutas y accesos, al advertir que los argentinos deben tener "libertad de elegir" lo que quieran hacer en todos los ámbitos y que "no se pueden someter a otro a la amenaza de impedir que vaya a trabajar".





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