10 de junio 2003 - 00:00

El Presidente se involucra mucho en planes sociales

Quedó expuesto de nuevo Néstor Kirchner, personalmente, en la gestión social del gobierno cuando ayer recibió a los piqueteros más radicalizados. Y no le fue bien. Los dirigentes del denominado Bloque Piquetero le reclamaron más planes sociales, un aumento en el monto de las prestaciones y que se les otorgue comida y otros beneficios materiales para repartir. El gobierno, en un error poco comprensible, les ofreció la Casa Rosada para esos reclamos, que se coronaron con la ratificación de la movilización dispuesta para mañana. Pocas veces una administración abre una negociación de nivel presidencial que fracasa en público. Estaba escrito de antemano: los piqueteros de ultraizquierda piden que se les concedan por los menos 14.000 planes Jefas y Jefes de Hogar adicionales.

Alguien debería haber negociado mejor con el ala más dura de los «piqueteros» la «mise en scene» que compartieron ayer con Néstor Kirchner en la Casa Rosada. El nuevo gobierno reconoció casi institucionalmente al denominado «Bloque Piquetero» y le ofreció las instalaciones de la Casa Rosada para divulgar su figura y mensaje, una deferencia de la que no gozaron todavía otras organizaciones de la sociedad civil que van desde la Conferencia Episcopal hasta la Unión Industrial Argentina.

A cambio, los «piqueteros» Néstor Pitrola, Alberto Ibarra, Nicolás Lista y Raúl Castells no tuvieron siquiera la gentileza de suspender las movilizaciones y sólo dijeron que «entregarían su confianza» siempre que Kirchner «dé soluciones», fórmula tan ambigua que impide pensar en una suspensión de los conflictos a corto plazo. Al contrario, estos activistas ratificaron la movilización que tienen prevista para mañana como si el gobierno no los hubiera atendido.

Al salir del despacho presidencial, los «piqueteros» pidieron que se distribuya comida -seguramente a través de ellos-, se aumenten las jubilaciones y se creen puestos de trabajo para los que no los tienen. Sin embargo el reclamo al gobierno fue más preciso: ellos pretenden que se les aumente el cupo de los planes «Jefas y Jefes de Hogar» que se distribuyen desde el Ministerio de Trabajo y también que se les conceda la posibilidad de «administrar insumos». Es el eufemismo que se utiliza para reclamar maquinaria, crédito, herramientas y otras «especies» para distribuir entre los beneficiarios del programa, una facultad que hasta ahora sólo se reconoce a los pequeños municipios.

• Administración

Kirchner se ha ido apropiando del programa Jefas y Jefes de Hogar lentamente, a través de su hermana Alicia. En efecto, es la ministra de Desarrollo Social y no el ministro de Trabajo quien concretamente administrará las altas y bajas del plan. Tal como se informó ayer en las «Charlas de Quincho», hubo una intervención drástica sobre la Dirección de Empleo y sobre la administración de la base de datos del programa, controlada hasta ahora por el duhaldismo. Desde esas oficinas se controlan las altas y bajas de los planes sociales, lo que representa un nervio político sumamente sensible, sea para las relaciones con las provincias y comunas como con las organizaciones de «piqueteros». Ahora esas oficinas dependerán políticamente de Alicia Kirchner, quien intentará controlar minuciosamente el destino político de la acción de beneficencia como siempre hizo en Río Gallegos.

Kirchner heredó una tensión que se generó con Duhalde y Felipe Solá. Antes de las elecciones internas bonaerenses y de los comicios del 27 de abril, de los que surgió segundo el propio Presidente, Solá se comprometió a través de su ministro de Trabajo Mariano West, a otorgar 14.000 planes sociales a los «piqueteros» duros que visitaron ayer a Kirchner. Desde la provincia se viene presionando para que la Nación, a través del plan «Jefas y Jefes de Hogar», pague esa factura. El compromiso con los «piqueteros duhaldoides» de Luis D'Elía (así se los llama para no hablar de «duhaldistas») habría sido la entrega de 30.000 planes adicionales.

El nuevo gobierno prometió seguir con esta costumbre, que habilitó a los «piqueteros» como una organización titular de planes sociales, como si se tratara de un municipio o una provincia. Es un método por el que ya levantó objecionesAlex von Trotsenburg, el representante del Banco Mundial, que en la última negociación con Economía estuvo a punto de restringir el desembolso de créditos por la distribución de beneficios entre estas agrupaciones de izquierda radicalizada.

La disidencia por esta participación de los piqueteros en la política social del gobierno siguieron abiertas a pesar de la intervención presidencial de ayer. Tanto que desde las agrupaciones que llegaron a la Casa Rosada se le pidió a Kirchner que se dupliquen esos planes sociales y se eleve su monto.

Kirchner deberá, a la larga, limitar estos reclamos. Ya lo hizo en Santa Cruz, donde su relación con las organizaciones que representan a las que lo visitaron ayer es pésima (su mal trato se destaca sobre todo con los trotskistas). Carece de un elemento clave, que acaso se llevaron consigo los funcionarios que expulsaron Tomada y la hermana presidencial: la «marca» que establece qué beneficiario corresponde a cada organización de «piqueteros», un dato que fue precioso para Duhalde ante cada «apriete» del sector.

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