23 de julio 2004 - 00:00

El reino de Ghandi

Eduardo Prados
Eduardo Prados
Como sucede con muchas de las decisiones del gobierno, se termina en una discusión paralela a los hechos, casi insignificante frente a la realidad. Como en la toma de la Comisaría 24ª por los piqueteros de Luis D'Elía: se debate aún si la jueza dio o no una orden para desalojar a los vándalos, no la naturaleza y responsables de la ocupación, el robo y la destrucción del lugar. Ayer pasaba lo mismo con la renuncia del jefe de Policía, Eduardo Prados, hombre elegido por el propio gobierno, episodio del que se hizo prédica oficial para mostrar que lo habían relevado (el presidente Kirchner en persona) y no que el oficial superior había dimitido por discrepancias por órdenes oficiales. A tal extremo llegó este absurdo que, inclusive, se planteó lo exitoso del operativo de la víspera para enfrentar a los piqueteros, con policías no armados, como si en la ocasión del viernes pasado la Policía hubiera utilizado sus pistolas e Itakas y hubiese disparado sobre la multitud. En rigor, como se vio, soportó la afrenta de los desmanes, casi no actuó y, a un comisario que pretendió ser moderador, le pegaron, lo patearon y hasta le arrancaron tres dientes.

• Discrepancia

Al margen de la historia oficial e irrelevantes discusiones semánticas -yo lo relevé o el jefe dimitió-, lo cierto es que hubo una discrepancia entre Prados y el ministro de Seguridad, Gustavo Béliz, quien le transmitió al jefe policial que su fuerza -desplegada en forma generosa-no debía portar armas ni siquiera en la tercera línea (por si las dos anteriores fuesen desbordadas). Todo indica que Prados (como algunos otros oficiales que podrían seguir su conducta) manifestó disgusto por la instrucción, la cuestionó («yo no cumplo eso»), dijo estar cansado y se apartó de su cargo. O, en su polémica con Béliz, frente a su intransigencia, el mandatario en viaje a Bolivia decidió prescindir de sus servicios.

• Responsabilidad

Todo este proceso se conoció luego de la movilización de ayer y cuando Prados aún mantenía reuniones con Béliz y su segundo, Norberto Quantín, a quien las versiones también daban como renunciado. Sin embargo, el gobierno, vía Béliz y Daniel Scioli como improvisados portavoces, se preocupó por informar que Prados no comandó el operativo y que esa responsabilidad le correspondió al nuevo jefe designado, Néstor Vallecca. Lo concreto es que, desde ahora, quienes se movilizan en el país (casi siempre con palos, como ayer) ya están advertidos de que la Policía -en todo caso-los aconsejará o enfrentará sin armas, como si fueran discípulos de Gandhi. Es un ensayo por la no violencia cuya respuesta por el momento se desconoce. Algo así como si la constancia de que cada vez hay menos policías asesinados por los delincuentes sea una evidencia de que ha bajado el delito. Puede ser también un fenómeno del azar o, quizás, de que los policías ya no participan y eluden los enfrentamientos con los delincuentes. Para meditar.

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