Domingo Cavallo se presentó en un programa de cable en su retorno a la política nacional y no le fue mal. Aunque se insiste en que lo apoya el gobierno para restarle votos en octubre a Mauricio Macri en la Capital Federal y atacan a Eduardo Duhalde en la provincia. No pareció eso en su exposición dada la forma en que atacó con críticas duras y no comunes de oír, por su alta técnica, a la política económica oficial. Por supuesto que el ex ministro tiene inteligencia si quiere simular ataques a un Kirchner con quien alguna vez veraneó en familia, y es innegable también que puede restarle votos moderados a Macri, lo cual agradará al gobierno lo haya o no alentado a lanzarse. Cavallo dijo que aunque presentó listas no tiene decidido si se presentará a las legislativas de octubre (definirá hoy), algo que fue toda una revelación. Además justificó bien su retorno: «Pasaron 3 años y me siguen atacando y, entonces, mejor que lo hagan defendiéndome yo y hablando», dijo. Tiene razón: en la Argentina sobre el que agacha la cabeza y se silencia por acusaciones, a veces falsas, la gente comienza a creer que son ciertas. Desde la ex Ferretería Francesa, al hotel Libertador o a llevarse pianos y cuadros durante su intervención en Mendoza, Antonio Cafiero fue acusado de todo en el pasado pero nunca dejó de actuar y hoy es un decano respetado de la política nacional. Le pasó también al ex brigadier Osvaldo Cacciatore, el introductor de las autopistas en el país, la ampliación de la avenida 9 de Julio y decenas de obras más en la Capital Federal aún no superadas por ningún intendente de los que lo sucedieron. Tuvo acusaciones de negociados en la función pública y se retiró a esperar su reivindicación judicial. Cuando llegó, años después, ya nadie se acordaba de él. Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf están en el otro lado: provocaron el mayor desfalco en un banco oficial, como fue en el Provincia de Buenos Aires, pero siguen ocupando cargos públicos e influyendo en la política nacional porque actuaron como si nada hubiera pasado.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Que lo invitara a exponer el cable «Todo noticias», del monopolio oficialista «Clarín», coadyuvaba a imaginar que el gobierno está detrás del lanzamiento de Cavallo. Pero el ex ministro sigue siendo el mismo antipolítico de siempre: puso colorado frente a cámaras al periodista Marcelo Bonelli recordándole sus pedidos por la devaluación años atrás al extremo de que éste terminó diciéndole que «no trajo los remedios» para sus presuntas alteraciones mentales.
La primera conclusión del retorno, oyéndolo, es que, aunque sea discutido y antipolítico, Cavallo sigue estando en inteligencia varios escalones arriba de 80% de los candidatos que se presentarán en la Capital Federal. Pero perdió su áurea de innovador y de genio creíble, y ahí sí le costará remontar. La propuesta que lanzó esta vez: «imponer una nueva convertibilidad pero con tipo de cambio flotante». Suena a disparate o cuando menos tautología porque la libre convertibilidad del peso a divisa, aunque con lagunas, rige desde hace 30 años en la Argentina y si es «flotante» es común en todo Occidente, aunque aquí hubo y hay una flotación demasiado sucia dirigida a mantener el peso exageradamente alto con relación al dólar ( Cavallo) y exageradamente bajo (Kirchner-Lavagna), en una «tibilidad conver».
Dejá tu comentario