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El gobierno uruguayo no tiene una respuesta contundente en ese sentido y lo admitió. Pero también dice que la Argentina se preocupa ahora y no lo hizo cuando plantas con la misma tecnología y similar riesgo ambiental -aunque en menor nivel de producción- se instalaron en provincias argentinas. Y en realidad es así, hay fábricas en el país que emplean el mismo sistema de blanqueo (ECF) que se va a utilizar en Fray Bentos.
El segundo punto en importancia es que en la elaboración de celulosa hay tres métodos: el de cloro elemental (prohibido en Europa y muy contaminante), el TCF (blanqueo basado en oxígeno, sin cloro, que no afectaría la vida pero es mucho más caro) y el ECF (con uso de dióxido de cloro, segundo en la escala contaminante, más económico que el TCF y, obviamente, preferido por los capitales empresarios).
Cuando en China decidieron construir la represa más grande del mundo, Tres Gargantas, el Banco Mundial dictaminóque no ayudaría a financiarla porque por su magnitud afectaría ambientalmente a la región. Los chinos respondieron que la financiarían «sin el Banco Mundial porque ahora tenemos prioridad energética para dar bienestar a nuestra población y en el futuro nos preocuparemos por el medio ambiente».
La están haciendo y ya inauguraron sus primeros sectores productivos.
A Uruguay le interesa la posibilidad valiosa de lograr una inversión extranjera con las fábricas de 1.800 millones de dólares y la alternativa de transformar sus buenos bosques -con implantaciones intensificadas en los últimos 15 años que ahora están en plenitud-para tener una industria de exportación y no limitarse a los productos tradicionales primarios del campo para obtener divisas.
Chile es un país chico e hizo enormes esfuerzos para no vivir limitándose a la valiosa exportación de cobre. Y lo logró. Por lo tanto no es siempre justificable implantar industrias de riesgo a la salud porque con el mismo criterio también en la Patagonia argentina deberíamos haber aceptado la ubicación de «basureros nucleares» que Estados Unidos y Europa los quieren lo más lejos posible de sus territorios. España y Finlandia, de donde provienen las firmas que quieren establecer plantas en Fray Bentos, no tienen escasez de agua y bosques -sobre todo el país escandinavo-, pero es comprensible que intenten tal tipo de producción lejos de sus territorios y les resulte valioso, en ambos aspectos, Uruguay, como lo fue Misiones para la empresa estadounidensechilena Alto Paraná.
Pero siempre se vuelve al primer punto: sería injusto negarle progreso a Uruguay que además les dará trabajo a 2.000 personas en forma directa e indirecta, permanentemente si no hay tal riesgo ambiental y, si lo hay, no se sabe en qué grado de gravedad. Porque aquí también hay algo que se olvida: las papeleras pueden afectar a ciudades argentinas como Gualeguaychú, pero también uruguayas próximas y desde ya la misma Fray Bentos.
Tampoco sirve caer en la simpleza del presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, quien encapsuló con una muy pobre y mala imagen el problema en un hombre maltratador -serían el presidente Néstor Kirchner y el gobernador Jorge Busti- que le pega a una mujer -sería Uruguay- «a cuenta», o sea, para una presunta infidelidad que sucedería 5 años después.
No tiene lógica en Vázquez que le pida a un presidente argentino que no prevea el futuro. Ningún gobernante puede pedirlo ni hacerlo. Ninguno debe actuar sobre hecho consumado si hay riesgo de consecuencias y cuando sería irreversible un cambio sobre tremenda inversión realizada.
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