El sueño mundial

Política

Las afinidades de facción y la extensión de la ciudadanía a los nativos radicados en otros países han producido un fenómeno llamativo en la política: la tercerización de las campañas. En la Argentina, sobran las experiencias. El oficialismo prestó su fuerza de combate al Frente Amplio del Uruguay, a los socialistas de Galicia y hasta intervino en las elecciones chilenas facilitando logística a la izquierda. Sin embargo, su influencia nunca fue tan decisiva como en los recientes comicios italianos. Sucede que un residente argentino, Luigi Pallaro, terminará siendo el fiel de la balanza del Senado de Italia. Pallaro es independiente en su país. Pero, aquí, se confiesa kirchnerista. Por eso los amigos de la izquierda de Italia en el gobierno -encabezados por Aníbal Fernández- han recibido un mandato cifrado desde ultramar: «Hay que entornar a Pallaro». ¿Tendrá Kirchner una porción de poder en el nuevo gobierno de Romano Prodi?

Felipe Solá, el gobernador de la provincia de Buenos Aires con un saludo emocionado por la derrota de Silvio Berlusconi frente al centroizquierdista Romano Prodi. Y eso que entre los italianos que viven en ese distrito el partido de L'Unione, que postulaba a Prodi, perdió: se impuso la lista de las Asociaciones Italianas de Sudamérica, una formación independiente que a nivel local postuló al empresario Luigi Pallaro. Senador por los italianos que viven en el exterior, este dirigente de los «asociacionistas», que integra la conducción del teatro Coliseo y de la Cámara de Comercio Argentino Italiana, podría convertirse en el fiel de la balanza del Senado en Roma: allí la Unión conquistó 158 escaños y la Casa de la Libertad (Berlusconi) 156.

Independiente, sólo uno: Pallaro. Como el presidente de la Cámara no vota, el futuro oficialismo italiano quedaría en ese cuerpo con una posición comprometida. El voto del senador proveniente de la Argentina sería, entonces, decisivo.

Este cuadro tan ajustado ha hecho que los principales dirigentes de la izquierda italiana miren hacia el Río de la Plata. Quieren asegurarse el alineamiento de Pallaro con los nuevos triunfadores. Pero no eligieron la puerta de Solá para llegar hasta él. El contacto de la Unión para esta operación es un adversario del gobernador: Aníbal Fernández.

El martes pasado, cuando ya estaba delineada la composición del nuevo Parlamento en Roma, el ministro del Interior se comunicó con sus amigos del Partido Democrático de Izquierda (PDS) y de la Margarita, las dos formaciones principales de la Unión. Los contactos de Fernández con esta dirigencia provienen de 2003: son bastante antiguos para alguien que, es bastanteobvio, no cuenta con demasiados antecedentes en la «sinistra». Durante ese año, el ministro visitó Brasil para asistir, guiado por quien ahora es su secretario de Provincias, Rafael Follonier, a una reunión de la Internacional Socialista. Follonier es un viejo cuadro de la izquierda argentina -pasó en ese sector por todos los climas y con distintos grados de clandestinidad- que hoy opera como vínculo entre Néstor Kirchner y sectores duros de la política sudamericana, desde Venezuela a Bolivia.

Aquella visita a Brasil germinó de buena manera en el caso del ministro del Interior. En marzo de 2004, invitado por el PDS, intervino en un seminario de «Le forze progressiste» que se realizó en Roma. El panel estaba integrado también por Piero Fasino, el secretario general del PDS y por dos de sus figuras históricas, que ya tuvieronsu hora de gloria: Massimo D'Alema y Giuliano Amato. Desde aquel viaje, «el tano» Fernández quedó instalado en una red en la que intervienen también el senador Franco Danieli (Margherita), uno de los más íntimos colaboradores del futuro premier Prodi, y el eurodiputado Gianni Pitella, colaborador de Fasino. De formación marxista, principal polemista de los «democratici di sinistra» durante el gobierno de Berlusconi, Fasino viajó varias veces a Buenos Aires, ocasiones durante las que se entrevistó con Fernández, Cristina Kirchner y hasta con el presidente de la Nación. La única vez en que el matrimonio presidencial visitó Roma, para asistir a la asunción de Benedicto XVI, era el desgarbado Fasino quien los estaba esperando en el vip de Fiumicino.

Estos contactos se reanimaron el martes pasado.El ministro del Interior parecía estar dirimiendo una interna en Quilmes: habló con Danieli, Pitella, el vencedor Prodi y el estratega Fasino. Fue con este último que se mencionó la situación particular en la que se encuentra Pallaro. El nuevo senador deberá estar pasado mañana en la capital italiana para involucrarse en las tratativas por la formación del nuevo gobierno. Su voto, como independiente, es clave y hasta lo habilita para reclamar una porción de poder en el nuevo gabinete.

  • Fantasías

    Tal vez el gobierno de Kirchner termine alcanzando a través de esta red el objetivo que se había propuesto inicialmente: promover a un argentino más o menos cercano en el Parlamento de Italia para operar desde allí una agenda endiablada que va desde los problemas con los bonistas hasta las negociaciones con la Unión Europea. La Casa Rosada imaginó primero que ese hombre podía ser Paolo Rocca, el titular de Techint. Pero el empresario no se mostró demasiado entusiasmado. O, tal vez, puso demasiadas condiciones. Otras opciones fueron más fantasiosas: se pensó hasta en Maradona.

    Nadie suponía que «il miracolo» se alcanzaría con el incógnito Pallaro (al menos fuera del círculo itálico), el no alineado por quien Fasino preguntó varias veces del otro lado del teléfono. Sucede que en Roma advirtieron, a lo largo de toda la campaña, que este candidato del «terzo mondo» no hablaba bien de Prodi, más bien se inclinaba por Berlusconi pero sí se inclinaba ante Kirchner. Y no porque recibiera algún apoyo « logístico», al menos en exclusividad: dicen que las arcas del gobierno se abrieron en favor de Darío Ventimiglia, candidato de la Unión que hizo pasear por Buenos Aires al ex procurador Antonio Di Pietro, el fiscal del «mani pulite».

    Definido el escrutinio, las simpatías oficialistas de Pallaro terminaron por activar un contacto desde Roma. ¿Intervendrá, sigilosamente, el Ministerio del Interior, en la composición del nuevo Senado italiano? ¿Terminará siendo Fernández quien decida los votos que tendrá Prodi en la Cámara alta cada vez que pase por allí una ley complicada?

    Son posibilidades insólitas pero de gran verosimilitud. Sobre todo desde que la política electoral se ha internacionalizado. No solamente porque los inmigrantes radicados en la Argentina votan en los comicios de sus propios países. También porque lo hacen en las elecciones locales, ya que en varias provincias se habilitó el voto de extranjeros para los niveles inferiores de la administración. Esta autorización ha inducido al cruce de «punteros»: es fácil que un dirigente argentino recurra a las organizaciones de extranjeros para asegurar el caudal de su lista en las internas. A la recíproca, los extranjeros hacen palanca sobre las fuerzas locales, sobre todo del gobierno, para desbalancear los resultados de sus propios países. No es Berlusconi la única víctima que la derecha registró en el Tercer Mundo. También los electores radicados en la Argentina fueron decisivos en la caída de Manuel Fraga Iribarne, el líder gallego que perdió después de décadas el control de la Xunta.
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