Eligen gobierno en Capital y Tierra del Fuego el domingo

Política

El domingo los porteños definirán al futuro jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en una elección anticipada por Jorge Telerman, que obligará a seis meses de transición, hasta la asunción, el 10 de diciembre próximo. Un plazo que aseguran cumplir tanto el jefe de la Capital Federal, como un Mauricio Macri ganador del ballottage. Si ganara Daniel Filmus, esa transición estaría marcada por la mala relación en la que han quedado, tras la primera elección, buena parte del gabinete de Telerman con el gobierno nacional y su cacique porteño en la política oficialista, Alberto Fernández.

La elección entre Macri y Filmus consiste en el segundo ballottage de la Ciudad, desde que el distrito cobró autonomía. El primer ensayo de una segunda vuelta fue en 2003, cuando la disputaron Macri contra Aníbal Ibarra y el empresario perdió, a pesar de haber ganado en la primera ronda (con 37% contra 33% de Ibarra), con un porcentaje similar de votos al que ahora obtuvo en la primera vuelta contra Filmus.

Reniega Macri de esta instancia del ballottage que querría cambiar de la Constitución local que impone obtener más de 50% de los votos para consagrarse en primera vuelta.

  • Preferencia

    El resultado del 3 de junio le arrojó a ese candidato casi todo lo que se propuso cuanto definió competir por el máximo cargo de la Capital Federal: superó 40% de los votos y llegó con una diferencia de 22% sobre el segundo, Filmus. Pero el macrismo prefería disputar la segunda ronda con Jorge Telerman, de acuerdo con lo que les pronosticaron asesores y adherentes encumbrados en las tertulias electorales partidarias. Temía Macri -lo dijo- «campaña sucia» del gobierno nacional en una contienda con Filmus y temía «al aparato» del kirchnerismo. Pensó quizá que con tanta diferencia de votos su rival declinaría de dar el ballottage, pero no lo haría el gobierno, claro.

    Durante la campaña Macri intentó no salirse de libreto y mantenerse mudo a los embates del gobierno, pero no pudo evitar responder en un par de ocasiones a Néstor Kirchner, quien fue el protagonista en el inicio de campaña del ministro de Educación para el cuarto oscuro del domingo.

    Filmus, desdibujado tras los discursos de Kirchner, se mortificó hasta que el Presidente bajó el tono y la arenga. Se empeñó ese candidato en una campaña de actos y callejera, con gran despliegue de papelería, afiches y mesas de difusión en las esquinas. Se mostró con aliados chicos de la vida política porteña y se acompañó de su padre, Salomón, en actos. «El hijo de Salomón» le dicen algunos como chanza en alusión a que su padre ha participado en nombre suyo en actividades, dando discursos y conversando con los vecinos, de campaña.

    Filmus, con la idea de mostrar nuevos apoyos hacia el ballottage, hasta se fotografió con una ministra de Telerman. No consiguió sin embargo que Telerman le diera el voto públicamente, pero además el jefe de Gobierno, derrotado de la primera elección, avanza con la conformación de un partido propio.

    Macri apostó a repetir el esquema de campaña de la primera vuelta, pero debió hacer un giro la última semana y entregarse a un proselitismo más tradicional, de caminata por los barrios donde PRO, a pesar de ganar, tuvo sus resultados más bajos, donde la clase media es mayoría.

  • Preocupación

    El candidato se aferró a la búsqueda de 60% de votos que quiere para ubicarse como oposición fuerte. Por eso se preocupó cuando los encuestadores a los que consulta a diario le mostraban unos puntos menos en las intenciones de los vecinos.

    Un Filmus perdedor quiere, como menos, trepar a 40%, «un porcentaje digno», aluden los oficialistas que conocen que Kirchner festejará si así resulta. Ayer, en el cierre de campaña (ver nota aparte) difundían los militantes que superaban esa cuota de votos. El oficialismo, sumando derrotas, tiene la idea de mostrar que 40% de votos le significa haber superado la marca entre los « capitalinos» que viene obteniendo hasta hoy.

    Por su parte, Telerman, iniciará el lunes el tránsito hacia la entrega del mando, por seis meses, que de cumplirse el plazo, verá a un gabinete que despidiéndose, difícilmente le imprima el entusiasmo a la gestión de cuando estrenaron cargos.

    P.G.
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