La técnica proselitista de Néstor Kirchner, consistente en lanzar a sus ministros como candidatos a través de la prensa pero dejarlos mientras tanto a cargo de sus carteras, está dando pésimos resultados. Al menos para esos colaboradores-candidatos, víctimas de su método, que advierten cómo disminuye la puntualidad de los choferes, la temperatura del café y hasta la solicitud de las secretarias a medida que se acercan las elecciones. El calvario más sufrido, en este caso, es el de Rafael Bielsa, a quien la campaña porteña se le ha instalado en su propia casa.
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En efecto, el caso Southern Winds, sobre el que Elisa Carrió piensa hacer eje de campaña para el proceso electoral de este año, comenzó a contaminar a la Cancillería desde temprano, por las imputaciones de la ex diputada a Carlos Bettini, el embajador argentino en Madrid. Bielsa intentó sustraerse a las llamas de la chaqueña con distintas iniciativas, como la de enviar una comitiva de sumariantes a España, integrada -al parecer- por algunos militantes del ARI.
La indagación confirmó lo que ya había puesto por escrito la Guardia Civil de ese país, es decir, que la embajada argentina carecía de notificación alguna sobre la existencia de valijas con drogas en Barajas.
Pero Bettini no quiso dejar la pelea en ese estadio y ya le avisó a la Casa Rosada -donde tiene trato cotidiano con el matrimonio presidencial- que iniciará una querella penal contra Carrió. Piensa, según informan en el gobierno, adjuntar a esa causa todas las pruebas acumuladas acerca de su ignorancia total del episodio de las valijas, inclusive el resultado de la pericia de Bielsa. El canciller, claro, pagará esta operación en la campaña porteña, donde lo espera la ex diputada.
Pero el papel de Bettini en relación con Southern Winds no termina de complicar a Bielsa por los movimientos de Carrió, exclusivamente. Ahora se sumó el antecesor de Bettini en España, Abel Parentini Posse. Este diplomático de carrera sostuvo el viernes pasado que «el embajador no debería desconocer lo ocurrido con las valijas».
• Sospecha
El canciller, molesto por esta intromisión de Parentini en el conflicto, comenzó a estudiar ayer la iniciación de un sumario por violar la reglamentación que rige para los profesionales de la Cancillería en relación con sus manifestaciones públicas. Hay que recordar que Parentini es escritor -gracias al erario público que lo sostuvo como embajador en distintas sedes produjo varias narraciones- y podría reclamar por su libertad de expresión. Pero el caso no terminaría allí. En la Casa Rosada sospechan que detrás de este diplomático se podría esconder la agresiva mano de Eduardo Duhalde. La conjetura se basa en que Parentini es asesor del ex presidente, condición a la que accedió durante el gobierno del caudillo de Lomas, a cuya vecindad fue llevado de la mano de otro funcionario de Kirchner (de inminente pase a la diplomacia) el titular del COMFER, Julio Donato Bárbaro.
La conducción de la Cancillería teme que, además de la interna porteña, Bielsa también termine arrastrado por la bonaerense, que promete más agresividad. De ser así, será para alquilar balcones: a los antecedentes de montonero que ostenta el kirchnerista Bettini le contrapondrían desde el oficialismo los de viejo amigo de la Armada que habrían caracterizado a Posse (una versión siempre recurrente lo vincula con aquel centro piloto de París que montó el masserismo en los '70). Si estas amenazas cobran cuerpo, no habría que descartar que el caso Southern Winds y la campaña electoral de Bielsa terminen con escraches cruzados antes de que el canciller se convierta en candidato.
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