Empieza a inquietar, no sólo en Economía, silencio de Kirchner
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Néstor Kirchner
Tampoco parece que revela pistas a su propia mujer, Cristina, ni a quienes razonablemente lo visitan en la intimidad (Carlos Zannini, Héctor Icazuriaga, el médico Miguel Bonomo) o en la inmediatez de la gestión (léase Julio De Vido, Alberto Fernández). El resto, como se sabe, ni se acerca a la cima. A pesar de la discreción, trascienden nombres, inclusive proyectos. Por ejemplo, que no es afecto a las rotaciones, con lo cual no se imaginan traslados de un ministerio a otro, ni que Icazuriaga deje la SIDE para ocupar el cargo de Alicia Kirchner (a ese ministerio iría el segundo de Graciela Ocaña en el PAMI, Juan Carlos Nadalich, un católico casi cursillista, de sólida confianza presidencial, a quien sirvió en la provincia construyendo más de una docena de hospitales). No será desocupado, se entiende, el diputado Daniel Varizat, otro al que conoce de naranjo en el Sur. Y, de las nuevas relaciones, Kirchner considera respetuosamente a Florencio Randazzo -quien lo hizo saltar a Felipe Solá del duhaldismo-, tal vez tenga destino ministerial (de los bonaerenses, también podría venir el intendente Julio Pereyra). Pero, la verdad, hoy estas especulaciones parecen más un sorteo que un cálculo matemático.
Más interesan, quizás, otros dos temas ocultos que lo abruman a Kirchner. Uno es la situación futura de la provincia de Buenos Aires, tierra sobre la que avanza con su ejército pingüinero y en la que el gobernador Solá, por carecer de reelección, en los próximos meses comenzará a padecer el síndrome del retiro (al menos, de ese distrito). Y, el otro, el funcionamiento de la cartera económica.
Tal vez ninguno sea urgente, aunque los condicionen otros hechos. Para fortalecer Buenos Aires, está claro, habrá enlaces, enviados, comisarios políticos y la tarea se apoyará en lo que obtuvo electoralmente -sea radical o peronista- y en aquellos distritos no se consumó la transferencia: ahora, inclusive, los pases pueden ser más baratos. ¿Cuál puede ser el destino de un intendente que perdió, con un concejo deliberante en contra, si no lo respalda la Casa Rosada? Amnistía escalonada entonces, aunque determinadas figuras están exceptuadas hasta por su propio apartamiento: Chiche Duhalde, el matrimonio de Oscar Rodríguez y la senadora Mabel Müller, Carlos Ruckauf. Puede haber recuperación segura con un querido como José María Díaz Bancalari y hasta para un no querido como Eduardo Camaño, de ningún modo favorito pero al que le reconocen el servicio parlamentario de estos dos últimos años (lo mismo que a la esposa de Luis Barrionuevo, Graciela Camaño). Generoso en la derrota, se puede decir, aunque otros son los temores.
• Tropiezos
Más preocupación se observa por lo que podría ocurrir en la esfera económica. Y eso no lo revela ningún cuaderno anillado. Nadie ignora que la prescindencia electoral de Roberto Lavagna -más otros temas- no le ganó el afecto del Presidente, ni siquiera de aquellos que confiaron en su compañía momentánea (Rafael Bielsa lo esperó ingenuamente a su lado). No ignora el ministro esos tropiezos y, débil, se interesó en que se comunique las veces que lo ve al Presidente (cuando otros colegas lo ven más seguido), va a programas de TV o brinda entrevistas cuando el periodismo -salvo algunos- le produce urticaria y sonríe cuando se escribe en los medios que «ha sido confirmado» o que coincide con el acuerdo de la CGT y la UIA para contener los precios, convenio que hace pocos meses repudiaba hasta por principios.
¿Habrá cambio de figuras?, ¿o tal vez la incorporación de algún nuevo instituto que comparta responsabilidades o criterios con esa cartera vital? Por ahora, se sabe que Kirchner ha confesado cierta admiración por el sistema que incorporó José Luis Rodríguez Zapatero en la administración económica: creó una suerte de oficina personal, de colaboración inmediata al jefe de Gobierno (hoy la ocupa el economista Miguel Sebastian) con la cual discute líneas de acción, determina políticas, mientras su ministro de Economía, Pedro Solbes, aplica esas decisiones o establece las propias (Solbes, por otra parte, como socialista ha logrado un superávit fiscal que no alcanzó el gobierno anterior). Hasta ahora, en ese país próspero, la nueva oficina parece más una suma que una afectación de autoridad. ¿Podría ser lo mismo en la Argentina actual? En eso piensa Kirchner, aunque la cumbre lo margine temporalmente de esa compleja reflexión.




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