Enfrían obispos polémica Baseotto
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En plena polémica entre la Iglesia y el gobierno, el Presidente se hizo fotografiar ayer en Casa de Gobierno junto al obispo de Luján, Rubén Di Monte, y su auxiliar Oscar Sarlinga. Una imagen de distensión que se ampara en la enfermedad del Papa.
Una fuente de la Secretaría de Culto explicó a este diario que «el gobierno está esperando la respuesta del Vaticano al decreto que suprimió a Baseotto y se supone que es esa carta de la que tanto se habla, pero que todavía aquí oficialmente no hemos visto».
En el ámbito eclesiástico hay versiones encontradas: mientras algunos sugieren que los términos de ese texto recalentarían el conflicto al punto de forzar al gobierno a tomar una drástica decisión en torno al Obispado Castrense (eliminarlo, por caso), otros agitan la hipótesis de una Iglesia dividida que se debate entre defender a su obispo cueste lo que cueste o arribar a un cordial acuerdo entre las partes.
Hay, sin embargo, un parámetro para el fin de esta aparente neutralidad: el próximo 18 de abril, en San Miguel, los obispos del país se reunirán en Asamblea Plenaria y se descuenta que el tema Baseotto ocupará el primer lugar en las ponencias de varios prelados.
El temor a una decisión oficial en cuanto a la revisión de los subsidios que hoy recibe la Iglesia es otro nudo del conflicto. Por eso varios religiosos alineados con una postura menos conservadora argumentan que la polémica podría implicar algo más que la remoción de un obispo. Actualmente el clero recibe más de $ 13 millones que destina a sueldos de obispos, curas y becas de seminaristas. Eso gracias a un decreto firmado sobre la hora por el ex presidente de facto Reynaldo Bignone.



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