¿Deben prepararse quienes defienden la economía de mercado para una elección inmediata? ¿Es inevitable que esa opción política se exprese exclusivamente a través del peronismo? ¿Está condenado el país a someterse al monitoreo de instituciones extranjeras para encarrilar su economía? ¿O sólo resolviendo internamente los problemas que presenta la política se logrará superar la crisis? Estas fueron algunas de las incógnitas que se quisieron despejar en Rosario, durante el viernes y el sábado pasados, en la reunión más importante que las corrientes progresistas hayan realizado durante los últimos tiempos en el país.
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El encuentro lo organizó la fundación Libertad, uno de los institutos más dinámicos de este tipo de orientación con que cuenta la Argentina y que anima Gerardo Bongiovani. La concurrencia fue muy variada, y llamó la atención no sólo por la calidad de los participantes, sino por su peso político: de un modo u otro, personalmente o a través de algún delegado, estuvieron todos los candidatos a presidir el país desde ese sector que, por comodidad verbal, se denomina centro-derecha.
Entre los concurrentes estuvieron dirigentes políticos como Ricardo López Murphy, Patricia Bullrich, Esteban Borgonovo, Angel Baltuzzi o Pablo Walter, economistas como Adolfo Sturzenegger, Roberto Cachanovsky, Manuel Solanet y Miguel Angel Broda, y consultores como Manuel Mora y Araujo, Rosendo Fraga, Roberto Starke, Marcos Victorica, Roberto Cortés Conde, Vicente Massot o Enrique Morat. Entre los más de 70 asistentes había también representantes de fundaciones políticas de diversas provincias.
•Dramatismo
Los paneles más enfocados hacia el diagnóstico técnico provocaron alguna discusión. Los oradores compitieron en dramatismo para profetizar cómo seguiría cayendo el país en la espiral de una política económica equivocada. Hubo un buen momento para debatir si existe alguna posibilidad para crear entre la población el consenso indispensable para llevar adelante una política económica racional. O, dicho en otros términos, si debe o no someterse el manejo del país a instituciones extranjeras o internacionales como aconsejó Rudiger Dornbusch y reiteraron a nivel local Jorge Avila y, en esta cumbre de Rosario, Broda. Es un debate interesante, sobre todo para quienes no leyeron su anterior versión, que se produjo en 1837.
En un debate destinado a la discusión política, Jorge Castro, Starke y Victorica contestaron a los del panel de economía que «no habrá solución económica posible si no se constituye un liderazgo y se lo rodea de un consenso que haga viables las decisiones del Palacio de Hacienda». Castro, reconocido menemista, propuso que se dé por existente el liderazgo, que lo provee inevitablemente el PJ. La misión de los sectores nuevos que se agrupan en el «centro-derecha» sería articularse con ese movimiento para renovarlo e infundirle contenido. Si se recorrían las mesas, era evidente que el ex periodista no estaba desacertado, sólo que el favorito del sector parece ser Carlos Reutemann -quien envió a dos de sus espadas-y no Menem. La postura de Castro, como se verá, enojaría a la Bullrich durante el almuerzo del sábado.
Otro trío, que integraron Fraga, Massot y Morat, se animó a pronosticar lo que sucederá en el mediano plazo. Fraga, por ejemplo, dijo que antes de fin de año habría elecciones y que -siempre amante de las comparaciones-los candidatos concurrirían a las urnas con la agenda del colombiano Alvaro Uribe: seguridad, hambre e inserción internacional (en rigor, es la agenda de cualquier país del tercer mundo).
Para la mayoría de los asistentes, la presencia de la Bullrich llamaba la atención por aquello de que «fue montonera y ahora está con nosotros». Sin embargo, lo que verdaderamente causa asombro es ver a López Murphy en ese ambiente, en general compuesto por conservadores: como se sabe, nada más en las antípodas que un boina colorada con un boina blanca como el ex ministro Ricardo Hipólito, hijo y nieto de radicales de la provincia de Buenos Aires.
•Simpatía
Estuvo simpático López Murphy. Habló del «soviet de los gobernadores», que elogió porque «moderan a Duhalde en sus desvaríos» y llamó a «participar en un proceso largo, en el que deben restaurarse las instituciones y para el cual habrá que arremangarse si es que se pretenden la sensatez y el progreso». En principio, el esfuerzo colectivo debería dirigirse según López Murphy a la reconstrucción de dos instituciones: la Corte y el Banco Central. Después castigó a la dirigencia señalando que «hay empresarios que la primera vez que se juntan, en un momento como éste, lo hacen para pedir un seguro de cambio», en alusión a la Asociación de Empresarios Argentinos.
Patricia Bullrich fue la segunda candidata en pronunciar un discurso. Fue durante el almuerzo del sábado, en el restorán Punta Barranca. Concurrió asistida por sus principales asesores, Jorge Velasco, Enrique Tolomei y Alan Clutterbuck. Abiertamente, Bullrich disintió de Castro: «No creo que el país esté condenado a ser gobernado por el peronismo. Es una idea de la década del '70 que le costó al país una guerra civil». La postura de Bullrich fue, en cambio, que se constituya un sector «racional» y a partir de allí se formule una propuesta electoral. En verdad, fue lo que ella le propuso a López Murphy en la primera negociación que mantuvieron hace pocos días: «Vos podés ser Aznar y yo Felipe González. Caminemos juntos y después hagamos una interna», fue la propuesta, que convenció poco al economista, quien además no quiere quedar arrinconado a la derecha, tanto que visitará Chile para entrevistarse con Ricardo Lagos, no con Joaquín Lavin.
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