Entre Cobos y el fin de la Resolución 125

Política

«Haceme acordar que a la próxima revolución no lo llamemos a Cobos». Como nunca, la frase hiriente que los ultra K citaban con ironía tuvo ayer una escalofriante vigencia y fue descerrajada una y otra vez, con sonrisas dolidas, en la Casa Rosada.

Traslució la furia incontenible del kirchnerismo contra el vicepresidente que tomó, en algunos casos, formato de pedido de renuncia. Varios, desde el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri, hasta el piquetero Humberto Tumini, vocearon airadamente ese reclamo.

Menos directa, Cristina de Kirchner eligió en Chaco, tras quince horas de silencio, castigar a su vice sin nombrarlo y hablando por la negativa. «Nosotros no hemos traicionado», dijo la Presidente, con lo que dio a entender que otros sí lo hicieron.

Fue, así y todo, notablemente más dura con sus «compañeros» de «mi propio partido» que « defeccionaron». «Algunos no entendieron qué pasó en las elecciones de octubre, pero ya lo entenderán», castigó, por igual, a peronistas y concertadores, la Presidente.

Fue el cierre de una jornada terrible que había comenzado, en rigor, la medianoche del miércoles, cuando Alberto Fernández y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, se encerraron en Olivos con el matrimonio Kirchner para seguir la votación del Senado.

«Ese lugar está lleno de hijos de p...», estalló un ministro al certificar el « cambio» de voto de Emilio Rached y recibir de José «Pepe» Pampuro la novedad de que Cobos, al contrario de lo que le había informado al jefe de Gabinete por la tarde, votaría en contra.

Esas horas estuvieron cargadas de tensión y mal humor. Ayer por la mañana, a solas, los Kirchner se trenzaron en su propia batalla. Ella, se dice, lo acusó a él de «ser el mariscal de la derrota»; él le reprochó que se dejó seducir por Cobos para mandar el proyecto al Congreso.

«Y al final te traicionó», se cuenta que la cruzó el ex presidente en una discusión que llegó, incluso, al punto de que Kirchner le sugiriera a su esposa -con ese tono en que el patagónico hace sus sugerencias- que dé un paso al costado.   

  • Atajos

    Ayer, en tanto, detrás de la furia contra Cobos, el gobierno trataba de encontrar un atajo para salir de la crisis del campo. Se daba por hecho que luego de la derrota en el Senado, resulta inevitable derogar la Resolución 125 que fijó las retenciones móviles.

    Sin embargo, hasta que la Presidente emprendió vuelo hacia Chaco, la decisión no estaba tomada. Se especuló que hoy mismo, en el Boletín Oficial, podría publicarse una resolución del Ministerio de Economía que ponga fin al texto que firmó en marzo Martín Lousteau.

    Durante esas charlas, de las que participaron la Presidente, Fernández y Randazzo, se decidió que en su discurso en el Chaco no hiciera ninguna referencia directa a la votación del Senado ni hiciera un llamado al diálogo a los dirigentes del campo. En rigor, golpeados, todavía seguían revisando la historia de la noche anterior y rememorando: «Teníamos cinco votos de diferencia» a favor.

    En ese paquete incluían, por caso, a la riojana Teresita Quintela. Hubo comentarios incendiarios sobre la senadora.

    Esa cerrazón les impedía empezar a discutir sobre la confección de un nuevo proyecto que reclamaban sus soldados del Congreso pero que, todavía golpeado, el gobierno no atinaba ni siquiera a imaginar.
  • Dejá tu comentario