El hombre más duro -temido a veces por el gobierno- del grupo El General (ex duhaldistas), Eduardo Camaño, amenazó con «carpetas» en Diputados si el oficialismo se lanzaba a la aventura de pedir la expulsión del legislador Juan José Alvarez por otra «carpeta» difundida, mostrándolo como empleado de la SIDE desde 1981 a 1984. Trascendió que en las de Camaño iban los nombres de Felisa Miceli, ministra de Economía; Alicia Kirchner, lo mismo hoy en Acción Social; Gabriela Ciganotto, presidenta del Banco Nación; Dante Dovena, diputado; Jorge Chávez, Hugo Muratore, Justo Alzúa (suegro del actual secretario técnico de la Presidencia, Carlos Zannini) y algunos más. Salvo Miceli, que iniciaba su carrera y era funcionaria con Alfredo Martínez de Hoz ministro de Economía, desde 1976 a 1981, todos los demás son de Santa Cruz con actuación en diversos cargos durante el Proceso militar. En verdad lo de Camaño era valiente pero también era poco en relación al mazazo contra «Juanjo» Alvarez del gobierno. En una provincia que no llega a 200.000 habitantes, como Santa Cruz, raro que alguien directo o por parentesco haya quedado fuera del Estado durante la dictadura. Qué decir de provincias donde el empleo público llega a 90% de sus habitantes. Ni hablar de los sindicalistas que estuvieron con todos los gobiernos, civiles o militares.
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Si se llegaba a «carpetear» a diestra y siniestra para encontrar un político puro para el futuro habría que comenzar a criarlo desde ahora y en lo posible fuera del país para que no se contamine. Cuando algún día cambie el gobierno, a los que se les reprochará haberse entregado a Néstor Kirchner por la billetera desbordarán las páginas de los diarios.
Rápido el gobierno calmó a sus legisladores jóvenes sin experiencia que querían ensañamiento, como el hijo de Estela Carlotto, y cerró el asunto. El que pega primero pega dos veces. Este gobierno aplica: el que pega primero y se baja del ring gana sin recibir ningún golpe. Y se ganó titulares de los diarios, espacios televisivos contra Alvarez y lo deja, como Cromañón a Aníbal Ibarra, afectado. Como que sintió el golpe. En cualquier momento los ultras, que abundan cercanos a la Casa Rosada como es conocido, le volverán a revolver el tema a Alvarez.
La sensación, entonces, es que perdió Alvarez, perdió la oposición, le dieron una estocada a Roberto Lavagna -que, obligado, salió con corrección a defenderlo-, quedaron todos preavisados de que no hay ley que se respete hoy si conviene hacer circular una «carpeta», vía el boletín oficial político que es «Página/12», que sirva a los intereses políticos del oficialismo. Perdió Alvarez y el gobierno avanzó en su camino a la hegemonía absoluta porque el miedo a esta nueva forma de «escrache» se extiende a empresarios, periodistas, políticos.
En un país donde se dice -y es cierto- que son contadas las personas públicas que «resisten un archivo» la jugada será efectiva pero repugnante. ¿Todos los que actuaron en un servicio secreto -que poseen todos los países del mundo- lo hicieron sin preservar los derechos humanos sobre todo cuando no estaban concentrados y cada arma militar tenía el suyo? ¿Nadie de la SIDE actuaba para defender al Estado correctamente y dentro de la ley?.
No se sabe qué hacía este político Alvarez que declaró haber sido administrativo y de baja categoría de escalafón. Por ahí escribía a máquina -no había PC- las fichas de subversivos del ERP del cual los Montoneros, hoy en el gobierno, quieren desligarse pese a su pasado con alianzas. Hasta aceptan homenajes a víctimas de la subversión del ERP. ¿Qué diferencia hay con verdaderos prontuarios de probados asesinatos de la izquierda de aquella época?
El «carpeteo» siempre ha sido una amenaza en la Argentina. Se habló siempre de los pagos de la SIDE a periodistas pero, si fueran ciertos, no se los difunde, se los usa como arma de captación.
Claro, en el caso de quien esto escribe sabe que tendrá su carpeta, como la mayoría de los que se destacan en algo, pero tiene la certeza de que está limpia, salvo mentiras fácil de refutar, y que por tanto puede expresarse libremente. Juan José Alvarez para la política tan activa que desarrolla debió pedir permiso o deslizarse en algún reportaje de prensa. No lo iban a juzgar por violar una ley en época de revancha donde se viola hasta la Constitución Nacional.
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