Brasilia (ANSA) - Un nuevo escándalo sacudió ayer la política brasileña, a dos semanas de las elecciones presidenciales, tras descubrirse que los teléfonos del Tribunal Superior Electoral de Brasil estaban intervenidos en forma ilegal, en un trabajo de espionaje.
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«Es una afrenta a la democracia y a la república, que no tiene precedentes y que será investigada hasta el final», dijo el director general del TSE, Athayde Fontoura Filho, en conferencia de prensa.
El espionaje afectaba los teléfonos del presidente del TSE, Marco Aurelio de Mello; del vicepresidente, Cézar Peluso; y del magistrado Marcelo Ribeiro, encargado de juzgar las infracciones a la propaganda electoral de cara a los comicios presidenciales del 1 de octubre.
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