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29 de marzo 2007 - 00:00

Estalla puja trotskistas vs. stalinistas

De ingeniosa pluma, aunque limitada por su cerrazón ideológica, Jorge Altamira aprovecha la campaña electoral para despachar viejas cuentas con otras fracciones de la izquierda-argentina. Este numen del trotskismo desde el Partido Obrero localiza en los candidatos del oficialismo en la Capital Federal a los herederos de sus viejos adversarios stalinistas.Con ese aire ilusionado con que se mueven estos políticos sin votos, cree que la coyuntura anuncia la revolución, esa señora que nunca les llega.

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Aníbal Ibarra
El reclutamiento de Ibarra, Heller y Bonasso para darle un poco de aire a la desinflada candidatura de Filmus no solamente testimonia la completa hipocresía y el irrefrenable arribismo del « progresismo». Muestra el estado de desesperación de la candidatura oficial; el gobierno nacional se encuentra en la Ciudad completamente a la defensiva.

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Es un verdadero show ver reunidos a estos tres mosqueteros con el aparato justicialista porteño de los Alberto Fernández y los Santa María, que apoyó a Cavallo y Beliz. Es obvio que los espadachines en cuestión se dejaron alquilar porque no tenían destino. Es una empresa que tiene todo el olor del delito político. Por supuesto que deberán ir en listas separadas de los punteros del PJ, pero no por razones de principios sino porque no hay lugar en una sola para tantos carreristas. Los campeones de la «reforma política» habrán logrado en este caso dos listas sábana en lugar de una.

Criados en la «escuela» del stalinismo, Heller, Filmus e Ibarra tendrán la oportunidad de «reencontrarse» con el apoyo del Partido Comunista. Mientras tanto, Telerman le sigue sacando distancia a Filmusen las encuestas y acaba de conchabar a dos kirchneristas, Ariel Schifrin y Milcíades Peña. El legislador que crucificó a Ibarra en la causa Cromañón no vacila ahora en alinearse con el verdadero patrón de la Cámara del Espectáculo y de Chabán, a los que en su momento denunció en la Legislatura. Como puede apreciarse, la política pequeñoburguesa en la Ciudad está absolutamente madura para que se la lleve el CEAMSE.

El deplorable estado del oficialismo en la Ciudad se ha conjugado ahora con el estallido de la crisis en La Rioja, de la cual es enteramente responsable el gobierno de Kirchner. ¿O acaso el intento de Maza de reelegirse por cuarta vez pudo mantenerse durante tanto tiempo sin el apoyo de la Casa Rosada? A los «analistas» que pontificaron que Kirchner había aprendido la lección de Misiones habría que darles un tirón de orejas; demuestra que los Fellner y los Solá no fueron defenestrados por el «efecto misionero», sino por una operación preestablecida.

  • Coto cerrado

  • La Rioja, por otra parte, es una provincia minera y, como Catamarca y San Juan, un coto cerrado de la alianza de la camarilla de los Kirchner con los pulpos mineros, que comenzó en la explotación de Cerro Vanguardia en Santa Cruz -una asociación entre Barrick Gold (93%) y Fomicruz (7%), una pantalla del kirchnerismo. En un acto de ingenuidad o quizá de pelotudismo, Maza reconoció que quería armar con los pulpos internacionales acuerdos similares a los que armó el santacruceño en su provincia.

    La Legislatura riojana, por razones de oportunismo pero también para manejar la presión-popular, votó la prohibiciónde la minería a cielo abierto en toda la provincia y profundizó aún más la crisis política. La sanción de esta ley es para el «nacionalista» Kirchner una causa suficiente para intervenir la provincia.

    Estos escenarios de crisis política no quedan amortiguados por la victoria de la coalición kirchnerista en Catamarca, porque aquí ya ha comenzado una crisis que no necesitó esperar el escrutinio definitivo. Es que los agentes del oficialismo nacional le quieren sacar al oficialismo provincial-de los radicales K el control de YMAD, la empresa estatal que se encarga de licitar las concesiones mineras.

    De cualquier modo, el punto más alto de la crisis política es la intervención de hecho que ha sufrido la provincia de Buenos Aires a partir del reemplazo del ministro de Economía, Otero, por un operador de la Casa Rosada. Kirchner se ha quedado de este modo con el manejo del presupuesto provincial y de las bancadas oficialistas en la Legislatura. Solá no es más que un fantoche. Kirchner ha nacionalizado la crisis bonaerense y con ello el conjunto de conflictos sociales y políticos de esta geografía explosiva.

    Que el fin del mandato del gobierno coincida con una acentuación de todos los conflictos políticos muestra, por un lado, la desintegración de los partidos políticos tradicionales y, por el otro, la precariedad de la «recuperación económica» como factor de atenuación de los conflictos sociales y económicos. El fin abrupto de la «recuperación económica» actúa como un factor que potencia la crisis política en curso. Las masas populares no tienen nada que esperar de todo este proceso.

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