Mauricio Macri reclamó ayer ante empresarios un futuro de certidumbre para los jóvenes. En una intensa jornada de campaña, debatió con sus adversarios Elisa Carrió y Rafael Bielsa, y participó (foto) de un acto con niños en Villa Lugano, a quienes mostró cómo recuperar una plaza en un día.
«Tengo una hija que se fue un año a Barcelona por estudios. Estoy deseando que no se enamore de ningún barcelonés para no tener que vivir con ella alejada y tomándome un avión cada vez que desee verla. La decepción espiritual de los jóvenes en la Argentina hace que estemos criando hijos para el desarraigo», dijo ayer Mauricio Macri ante 80 empresarios y representantes de sectores productivos como orador del Círculo Argentino que preside el empresario Germán Neuss. No fue un discurso «de campaña» sino un diálogo coloquial con quienes seguramente ya votarán a Macri y no necesitaba captarlos (o cooptarlos, como dice Elisa Carrió, en mal uso de la palabra). El desarraigo preocupa a la clase que puede pagar viajes al exterior del hijo pero también -y en proporción, a muchos más jóvenes- a padres de hogares medios que ven cómo sus hijos van a España a mendigar una visa o a Estados Unidos a vivir en la clandestinidad como inmigrantes sin radicación.
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«Nos cuesta mucho hacer campaña a favor de las ideas de libre empresa e iniciativa privada. El gobierno no sólo tiene todo el dinero en sus arcas sino que hasta tiene como funcionario al dueño (Enrique Albistur) de las carteleras públicas de Buenos Aires y, obviamente, se llena la ciudad con la imagen de los candidatos oficiales», agregó. Como el candidato se llama Macri muchos consideran que no necesita dinero para la campaña. Mil empresarios fueron a una cena de Cristina Kirchner a pagar $ 3.000 el cubierto para darle 3 millones de pesos al gobierno, que no los necesita para pagar su campaña pero sí para disimular una publicidad mucho mayor con otro dinero que domina. Para la mayoría de los empresarios ir a esa comida fue como pagar $ 3.000 por un salvoconducto, aunque no les servirá si entran en conflicto con el gobierno, como hoy los supermercadistas. Las invitaciones para esa comida con Cristina Kirchner se hacían directamente desde la Presidencia de la Nación como para que no quedaran dudas sobre quién invitaba y cómo se podría mirar al que no concurría. Hubo empresarios que compraron mesas de 10 personas ($ 30.000) y las llenaron con gerentes.
Macri, en cambio, concurre gratis a comidas empresarias donde le desean que tenga buen éxito para defender con su gravitación la libertad económica. «Sé que voy a andar bien, me ayuden o no me ayuden, pero de números no hablo. En la zona sur de esta ciudad gané por 8 puntos en primera vuelta cuando se votaba a jefe de Gobierno. Terminé perdiendo por 10 puntos porque en el medio repartieron nada menos que 40.000 planes Jefes y Jefas. La primera vuelta les sirvió para averiguar por el escrutinio dónde yo ganaba y allí volcaron la ayuda social con fondos públicos en pro de Aníbal Ibarra. Todo esto lo ven los jóvenes, lo ve esta generación de la computadora, y por eso y otras cosas hay esa tendencia a irse del país que es algo lamentable para nosotros al verlo en nuestros hijos. La Argentina ya perdió su oportunidad de crecer acumulando capital financiero. Por tanto sólo puede hacerlo con el capital de los cerebros que forme y de la educación que brinde. Seis de cada 10 padres de esta ciudad pagan estudios privados a sus hijos para que no tengan menor oportunidad en la vida que el chico de enfrente. Y no crean que actuar así es cosa de gente media y alta rica. El esfuerzo lo hacen también hogares modestos por ese afán de educar bien a los hijos, no cercenarles oportunidades. Y el lamentable desempeño de la escuela pública es por mala actuación de los gobiernos que no ayudan a una buena educación», dijo el presidente de Boca.
• Hacer
«Soy un ejecutivo, me gusta hacer más que proponer que hagan. Me gusta dirigir equipos que ejecuten. Lo hice en empresas, en Boca, lo quiero hacer en la Ciudad de Buenos Aires. Me tendré que mentalizar para asumir el 10 de diciembre como diputado. Pero el hecho de que esta vez no se designe jefe de Gobierno no debe llevar a que nos resten votos. Necesitamos un bloque de 10 legisladores o más en el Congreso para servir a las ideas que representamos», señaló el candidato. Dijo también algo importante: reclamó a las cámaras empresarias que arriesguen opiniones para defender la libertad económica.
En su diálogo coloquial fue contundente cuando le preguntaron si los diputados que asumen se mantienen fieles al agrupamiento que los llevó a la banca. «Nunca se puede asegurar -respondió-; Patricia Bullrich logró 6 y no le queda ninguno. Luis Zamora tenía 8 y sólo le quedó uno, que es su mujer. Aníbal Ibarra tenía 21 y le quedaron sólo 2.»
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