Fue un festejo a medias: Luis Barrionuevo celebró un triunfo casi épico al voltear la hegemonía de los Saadi en Catamarca por la forma democrática de las urnas evitando cualquier otro procedimiento non sancto. Pudo él en lo que habían fracasado varios hombres del justicialismo en el pasado (como José Luis Manzano en su momento, expulsando arbitrariamente diputados catamarqueños de la Cámara como si él fuera más puro que otros); el monopolio «Clarín» con una campaña impiadosa tipo la del periodista mediocre que se aprovecha del entrevistado ignorante o Carlos Ruckauf, quien en un rapto de soberbia porteña y amparado en otros poderes impidió la jura de un senador de la familia elegido por la gente. Más que una fiesta entonces la del gremialista en la provincia, pero a medias porque en San Martín su esposa perdió en la interna partidaria -a manos de otro que competía con ella, no tanto en la política local sino en el favor del zar duhaldista-y en la Capital Federal, en la otra pugna electoral del radicalismo, se derrumbaba sorpresivamente lo que se suponía el imperio inexpugnable de su mejor amigo de la política, casi asociado en emprendimientos múltiples: Enrique «Coti» Nosiglia, dueño de un presunto ejército en las sombras de la UCR, naufragaba en los comicios acompañando a Fernando de la Rúa y Rafael Pascual.
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Lágrimas y sonrisas para el gastronómico, extraña y simultánea combinación del espíritu en una misma jornada. Alegría por su triunfo personal que lo acerca al bronce de los senadores romanos -se supone que la futura Cámara alta tendrá mejor reputación que ésta que muerey duelo por pérdidas varias y concretas: 1) la familiar, con todo lo que significa compartir el hogar y ahora también el trabajo con la esposa (Graciela Camaño), una mujer enérgica que se ha convertido casi imprevistamente en honrosa pieza clave en Diputados, Cámara que al revés de lo que sucedía con Chiche Duhalde no constituye para ella terapia ocupacional; y que aspira a responsabilidades ejecutivas distintas a la locuacidad de la Legislatura, administrando un distrito bonaerense que es más importante que algunas provincias; 2) la política, por el resbalón con destino desconocido de Nosiglia, su alter ego del radicalismo, de quien nunca se separó y al que secundó adonde éste fuera -del mismo modo que «El Gris» lo acompañó en los senderos que el sindicalista eligiese-, matrimonio no sometido únicamente a la conveniencia de los negocios, aunque éstos, claro está, siempre fueron substanciales. No olvidar que entre otras empresas menores de la salud (prestaciones en obras sociales y con jubilados) ellos son los autores de la reforma constitucional, del Pacto de Olivos, de la reelección de Carlos Menem y de la recuperación en todo sentido de Raúl Alfonsín. Lo hicieron por amor, claro, como todo.
Aún alejado de posibilidades terrenales y crematísticas por efecto de este domingo negro en ciertos aspectos, Barrionuevo igual estaba hinchado de placer en la víspera, lo cual constituye un exceso ya que ni el golf repetido lo hace bajar de peso. Había vencido a su rival en la hostilidad del campo adversario -seguramente con el despreciable material bélico que caracteriza estas pujas provinciales-, se impuso a una familia y al señorío del feudo al cual, posiblemente en su pasado de humilde origen, sólo tenía la posibilidad y el privilegio de servir. Ahora se convierte en el referente peronista y no por usurpación -como lo intentaron tantos-de Catamarca (con la posibilidad de ganar dos de los tres senadores a competir). Pero tal vez lo más singular sea su regreso a la Capital como representante democrático, ante un público que en general se ha escandalizado con este gremialista poderoso, ofensivo, intratable -basta observar los insultos que despachó frente a los insolentes movileros de la TV-, desmesurado («soy recontrachupa-Menem», repetía hasta que cambió por Duhalde; «hay que dejar de robar por dos años», le aconsejaba a su gente), tutor de barras bravas como la de Chacarita (club que preside), organizador de mitines, bandas y concentraciones, incapaz de disimular prosperidad económica. Mucho más que de canillita a campeón, aunque haya perdido negocios e influencia por la deserción temporaria de Nosiglia y se le conmueva el frente interno porque la esposa dominante lo obligará a ser un senador apropiado, «el marido de la Camaño». Ni los petroleros de Texas se atrevían a tanto: sólo enviaban a sus abogados al Congreso.
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