Una serie de observaciones e incógnitas se desprenden de la denuncia de Néstor Kirchner, acerca de que quienes denuncian que el peronismo se dividió en dos partidos para quedarse con tres bancas de senadores bonaerenses, en rigor, quieren proscribir a su fuerza. El lamento es exagerado. El peronismo como fuerza política fue proscripto electoralmente en tres ocasiones desde su fundación. La primera, las elecciones de febrero de 1958, de las que surgió vencedor Arturo Frondizi. Un pacto entre este dirigente radical y Juan Domingo Perón, negociado por Rogelio Frigerio, hizo que la masa de votantes del PJ se volcara por quien resultó triunfante.
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La segunda vez que los peronistas vieron prohibido a su partido fue en julio de 1963, durante las elecciones de las que surgió ganador Arturo Illia. Los peronistas decidieron en esa oportunidad votar en blanco ante la decisión de proscribirlos del presidente José María Guido y su ministro de Interior, el general Osiris Villegas.
La tercera vez que el PJ sufrió una proscripción fue en 1973. La víctima no fue exactamente el partido sino su líder, Perón, quien por una reglamentación elaborada por Alejandro Agustín Lanusse y su ministro del, Interior Arturo Mor Roig, dispuso que sólo podían postularse los candidatos que hayan residido en el país desde el 25 de agosto de 1972. El caudillo exiliado no cumplía ese requisito.
• Dramatización
A la luz de estos antecedentes, la proscripción de la que habla Kirchner es exagerada, una dramatización de campaña. Es opinable si afiliados al mismo partido pueden postularse por fuerzas distintas en una elección general. Pero esto viene sucediendo desde hace tiempo. En cambio, es políticamente más significativo que quienes concurren a los comicios bajo distintas siglas y cruzándose acusaciones de todo tipo, terminen más tarde integrando el mismo bloque parlamentario. Esa operación sí esconde una semilla de fraude, pero hasta ahora nadie se escandaliza por ello. Por otra parte, Kirchner juega con una ventaja: su principal oponente, Eduardo Duhalde, fue el inventor de la suspensión de las internas y la fragmentación del peronismo en varias fuerzas electorales para impedir la llegada al poder de Carlos Menem. Kirchner fue el beneficiario de esta estrategia que hoy paga caro su inventor.
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