Un almuerzo reservado que se extendió por más de cinco horas en la quinta de Olivos, el sábado, no evitó que Facundo Moyano anunciara ayer su renuncia a la Cámara de Diputados y su salida del Frente de Todos pero al menos Alberto Fernández logró un propósito mayor: contener en el oficialismo a su padre Hugo, el líder de Camioneros, en momentos de crisis del Frente de Todos con el sindicalismo tradicional. El reencuentro asado mediante entre el Presidente y el exsecretario general de la CGT después de seis meses de no verse cara a cara tuvo como objetivo, por ahora alcanzado, poner a salvo la alianza con el dirigente gremial con mayor capacidad individual de daño.
Facundo Moyano renunció a Diputados
Un asado el sábado en Olivos sirvió para salvaguardar de una crisis la relación con el gremialista con mayor capacidad de daño.
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Facundo Moyano.
La renuncia de Facundo Moyano a su banca luego de casi diez años en la Cámara baja se concretó ayer y fue el corolario de un proceso multicausal que incluyó razones personales, políticas y sindicales, y cuyo detonante fue la nula cosecha del sector sindical de su padre en el reparto de candidaturas para las PASO por el oficialismo. Esa salida, además, preanuncia su retorno al sindicato de peajes (Sutpa) al que dimitió en 2017 con el argumento de una necesaria renovación en las cúpulas del gremialismo.
En el entorno del ahora exdiputado –que decidió no hablar en público sobre su decisión y sólo comunicarla vía redes sociales- admitieron que desde hacía tiempo estaba hastiado de su labor parlamentaria y veía su rol cada vez más desdibujado. Ese convencimiento se reforzó una vez que Cristina de Kirchner señaló al bancario Sergio Palazzo para disputar el mejor lugar en la nómina del oficialismo para Diputados y habilitó que fueran por su reelección Hugo Yasky (CTA de los Trabajadores), Vanesa Siley (judiciales de Sitraju) y Walter Correa (gremio de curtidores), ninguno alineado de manera directa con Moyano.
La vuelta al Sutpa, que este diario adelantó en exclusiva en octubre pasado, le permitirá al dirigente recuperar una territorialidad que la banca en Diputados le había quitado y su corrimiento del Frente de Todos le dará el mismo margen que tiene su padre para presionar sin sujeción política, explican sus colaboradores. También podrá administrar en persona (más allá de que la secretaría general la ejercerá su designada, María Florencia Cañabate) las negociaciones con Corredores Viales y Aubasa, las concesionarias públicas de las autopistas en manos de Nación y la provincia de Buenos Aires, respectivamente. Y, además, la eventual caducidad de las concesiones de Ausol respecto de los accesos Norte y Oeste, como se analiza en el Ejecutivo.
Alberto Fernández sabía desde el mes pasado que el hijo de Hugo Moyano cavilaba su salida de la Cámara baja. Hubo desde entonces encuentros del todavía legislador con funcionarios y hasta un llamado telefónico del propio Presidente para intentar disuadirlo. Para cuando el jefe de Estado convocó al camionero al almuerzo del sábado en la quinta de Olivos la decisión ya estaba reconfirmada. Sin embargo el mandatario entendía necesario asegurarse de que la renuncia no sería el inicio de una sangría como la que hubo en el kirchnerismo en 2012 tras la pelea entre Cristina de Kirchner y el entonces líder de la CGT.
Tras el asado que compartieron hubo coincidencias de ambos interlocutores acerca de que su alianza estratégica estaba a salvo. El Presidente comentó en su entorno que se trató de “un almuerzo de amigos” en el que se “habló de todo, y de política en general”. Moyano, por su parte, les dijo el lunes a sus colaboradores que su valoración respecto de la gestión presidencial estaba intacta a pesar de haber quedado al margen en el reparto de candidaturas. “Alberto está llevando bien la crisis, hay que tener en cuenta la pandemia y el desastre que dejó (Mauricio) Macri. Lo mejor que podemos tener ahora es al peronismo en el gobierno”, contó.
Los intereses de Moyano exceden largamente los del sindicato de Camioneros y bajo ese prisma le resulta imprescindible contar con una interlocución directa con el jefe de Estado, ya que no con la vicepresidenta, Cristina de Kirchner, con quien la relación quedó mediada por Máximo Kirchner. Además del gremio se atropellan en la agenda del camionero el club Independiente, el correo privado OCA y las causas judiciales que en el gobierno de Macri amenazaron con privarlo de su libertad junto a la de su hijo mayor, Pablo Moyano, entre otros ítems.
Uno de los reclamos constantes y por lo bajo hechos por el camionero al Gobierno desde el arranque de la gestión del Frente de Todos es la reposición de beneficios impositivos para los transportistas de cargas como aliento para la contratación de choferes bajo el convenio colectivo de trabajo 40/89. En la gestión de Néstor Kirchner logró la implantación del Régimen de Fomento a la Profesionalización del Transporte (Refop) que les devolvía a los empleadores los aportes patronales cuando contrataran personal bajo ese convenio.
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