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8 de diciembre 2006 - 00:00

Felices las niñas

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Cristina Kirchner, Hillary Clinton y Nancy Pelosi.
Cristina de Kirchner alcanzará el clímax político en abril, fecha en la que viajará -según todos los indicios- a los Estados Unidos, casi un viaje de género: allí se entrevistará con Hillary Clinton -otra mujer con apellido político de esposo que aspira al sillón de la Casa Blanca- y con la titular entonces de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, otra del Partido Demócrata, quien asume ese cargo el próximo 1 de enero. Esta agenda ha sido organizada por otra representante de la rama femenina, Susan Seagal, lobbista del Council of Americas (organización que fundó el republicano millonario David Rockefeller, antaño repudiado por los Kirchner), quien hace pocos meses pasó por Buenos Aires y tomó el té con la primera dama argentina en Olivos.

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Para esa fecha, la señora Kirchner quizás disponga de mayor certidumbre de su futuro político; es decir, si continuará como senadora o, como insinuó su marido, bien podría reemplazarlo como candidata presidencial. Un choque de dos potencias, entonces, se vivirá en Nueva York: ella y Hillary se sacarían fotos (es probable que Cristina también participe en algún panel del Council), dialogarían y demostrarían el avance femenino en el continente para intentar convertirse en jefes de Estado. Justo es admitir que esa posibilidad parece más cercana para la argentina que para la ex mujer de Bill Clinton, a quien le resultará durísimo atravesar la interna de su partido (por no hablar de la confrontación posterior con el delegado republicano).

El periplo de Cristina Kirchner -en el cual también participa activamente el cónsul Héctor Timerman- supondrá como partenaire en una reunión a Pelosi, una dama con escaso consenso aun en su propio partido, pero el encuentro demuestra la inclinación política de la visita: claramente apoyada en el sector demócrata. Dato que, por estas horas, permite entender también las últimas e hirientes declaraciones del expulsado funcionario Luis D'Elía, un confeso chavista. Como se sabe, el entusiasta ex piquetero se pronunció varias veces contra Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, al cual le imputó perversiones cavallistas, debilidad por la derecha, sujeción a los Estados Unidos y afinidad con el Partido Demócrata de ese país. Más que una exageración, sorprendieron tantas denuncias internacionales sobre alguien que, en esa materia, no dispone de muchos contactos. Más bien, como se bromea en el gobierno, lo único ajeno a la Casa Rosada de Fernández es su vinculación al club Argentinos Juniors.

Con lo cual se comprueba que D'Elía, en rigor, apuntaba contra la propia esposa del mandatario, a quien le cuelga ese sayo imperialista y pro judío, además, sobre todo desde que ella y Timerman se encontraron con el enviado de George Soros en Nueva York. Desde ese encuentro, prosperó la iniciativa para que ese fondo adquiriera la cooperativa Sancor, olvidando tal vez otros vínculos previos protagonizados en el mismo sentido por Hugo Chávez en representación de Venezuela. No parece casual que la ira de D'Elía, también la de los bolivarianos, se relacionara con el giro de prioridades y el acceso de Soros a un negocio que ya parecía cerrado. Posiblemente imaginaron -además del tema de Irán- que la señora de Kirchner empujó a la diferenciación de su proyecto con los intereses venezolanos y de quienes los defienden localmente. Ahora, por lo visto, también parece que hubo otra revisión y Sancor regresaría -con reservas- a la original iniciativa de Chávez.

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