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Felipe Solá y Cristina Fernández de Kirchner.
No hubo, tampoco, ni presidencia de Diputados ni Ministerio de Ambiente que seguirá como secretaría dependiente de Alberto Fernández y con Romina Picolotti al frente que se prepara para exponer ante la Corte, a fines de diciembre, sobre el caso Riachuelo.
Ser uno más del bloque oficial, sin rango especial ni cargos, es un destino que Solá, dicen a su lado, aceptará bajo protesta. No quedan, por lo pronto, casilleros relevantes en el Congreso ni, en principio, en áreas no ministeriales del gabinete nacional.
«Se considera mal pagado, pero es tarde para lamentos», dicen los que hablaron con él en los últimos días.
La teoría de ser una pieza de recambio para el futuro es un consuelo menor, una mentira de patas cortas. Un intento, fallido, de trasmitir que acepta una presencia poco relevante en un proyecto que considera que contribuyó, en estos años, a consolidar.
Hay un dato que le gusta reproducir: el 28 de octubre, como cabeza de la lista de diputados nacionales, sacó apenas unas décimas menos que Cristina de Kirchner. Lo expone como un dato de que su gestión y su propia imagen aportaron a la victoria cristinista.
Todo, por ahora, es con los pies dentro del plato. A pesar del enojo por el mal pago, cerca de Solá no dan ningún indicio de que en el futuro el gobernador pueda convertirse en un rival de los Kirchner.
Ciertas afirmaciones no hacen más que levantar sospecha.
¿Sin oficina, Solá podrá mantener la estructura que cinceló, junto a Florencio Randazzo en la provincia? No ha sido un gran armador en su historia política, el gobernador, y posiblemente no aprenda ese oficio a esta altura de su vida política.
Pero, vale la aclaración, su mala mano para la costura de estructura no le impidió ocupar, desde 1987 hasta la fecha, cargos de peso en los gobiernos nacional y provincial. La Casa Rosada, donde Kirchner trasmite un destrato inocultable, también tiene agendado ese dato.
De los gobernadores que dejan sus cargos, Solá es, junto con José Manuel de la Sota, Jorge Obeid y, un escalón más abajo, Juan Carlos Romero, el de más peso. Obeid es contenido por los Kirchner; Romero empezó a fantasear con su regreso en 2011, De la Sota se prepara para guerrear.
Esta semana cuando se vea, otra vez, con Alberto Fernández, acaso Solá empiece a definir a cuál de los otros tres gobernadores que dejan el poder en diciembre se parecerá su derrotero.




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