4 de enero 2002 - 00:00

Felipe Solá prometió reconstruir provincia

El flamante gobernador bonaerense, Felipe Solá, prometió ayer «dinamizar» la gestión y «reconstruir» el Estado provincial, para responder a las demandas y a la «rabia del pueblo», durante la Asamblea Legislativa que lo designó al frente del Ejecutivo en reemplazo de Carlos Ruckauf. «Es inaceptable un Estado que oculte la ineficiencia, el malgasto y la corrupción. A un Estado así no lo respeta nadie. Ayúdenme en el proceso de reconstrucción del Estado provincial, desde la revalorización de lo social y desde el compromiso público de todos sus miembros», enfatizó Solá.

Solá asumió la gobernación que dejó Ruckauf
Solá asumió la gobernación que dejó Ruckauf
«No me quiero diferenciar de Ruckauf, soy diferente». Apenas asumió como gobernador, Felipe Solá marcó -ahora en la cúspide- lo que siempre deslizó: que es o quiere ser distinto a Ruckauf.

Fue en la primera conferencia de prensa como jefe, cuatro horas después de tomar el mando ante la Asamblea Legislativa que aceptó la renuncia de Ruckauf.

Allí lanzó otra perdigonada contra su antecesor: «Yo voy a estar en la gobernación y voy a aportar el diálogo que faltó para solucionar los problemas».

Antes, en un acto improvisado -Ruckauf sólo participó tres minutos-, Solá tomó el mando y bosquejó algunas líneas de cómo encarará la gestión como gobernador.

• Anticipó una reforma del Estado para «reconstruir» la provincia. Más tarde agregó que continuará, aunque con perfil propio y sin «superpoderes», el abortado plan de ajuste que encaró Ruckauf.

• Prometió «disciplina, rigor y respeto» y pidió a empleados y funcionarios revalidar el rol del Estado. «Desde nuestro lugar debemos dar el ejemplo» dijo y amenazó: «El funcionario que no dinamice la gestión se va a tener que ir».

• Y anunció una política de diálogo,
«sin figurones de lujo», ni «tecnócratas» y sin «recetas raras» para salir de la crisis y recomponer la «confianza» de la gente en el gobierno. «Hay que recuperar la mística» convocó.

En todo, Solá se distinguió de Ruckauf de quien prácticamente no habló. Sin embargo,
tuvo gestos y señales para Eduardo Duhalde. Dijo que habrá apoyo mutuo.

Fue una jornada agitada.Asumió el mando en un acto sin honores (ver Avatares) y corrió a apagar incendios: el viernes pagará aguinaldo y en 10 días los sueldos de diciembre.

También, para enviar una señal de calma, ratificó a
Jorge Sarghini como ministro de Economía y a Ricardo Gutiérrez como presidente del Banco Provincia (ver nota aparte).

Fue poca la logística partidaria que acompañó la asunción de Solá porque el gobernador, según contó un intendente, pidió
«no hacer mucho show» en el acto.

Igual, los peronistas
Juan Garivoto y Horacio Román forzaron un incidente: pidieron que se acepte la renuncia de Ruckauf sin que los opositores pueda hablar.

La oposición se enfureció -se escapó la oportunidad para cascotear al renunciante- pero los legisladores de Izquierda Unida se enojaron más y se fueron.

Hugo Corvatta
, vice del Senado y jefe de la Asamblea, y Osvaldo Mércuri, de Diputados, ni se mosquearon ante las quejas.

Solá tampoco. Hizo su discurso y se escabulló a su despacho del Senado -que ya no ocupará- para brindar con su familia: juntó a hermanos, madre, esposa, hijos y amigos íntimos. Después se dedicó a la política: reunió, en la residencia de vice, a intendentes del conurbano
-Balestrini, West, Cariglino,Amiero, Rico, entre otros- para pedir respaldo.

De ese combo podría salir más de un futuro ministro del gabinete aunque, ayer, según confiaron dos fuentes de la cita, no confirmó nada.

A la tarde, en la oficina del gobernador, recibió a fieles históricos
-Félix Cirio, Raúl Rivara- y se encerró con Sarghini para ver en detalle la cuestión financiera.

Recién hoy hará rondas más amplias: visitará a legisladores (algunos enojados montaron ayer una cumbre semisecreta en el despacho de Mércuri; con otros -la Liga de Senadorestiene diálogo permanente y lo van a sostener) y con ministros.

Ahora
empieza lo más bravo.

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