El gobierno informó ayer formalmente a la Santa Sede la decisión de dejar sin efecto su acuerdo para la designación del obispo castrense, así como su remuneración de $ 5 mil mensuales. Cerca del mediodía, el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, visitó al nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a quien -en un encuentro calificado como cordial por sus protagonistas- le entregó una copia del decreto con la decisión del gobierno acompañado por una carta que firmó el canciller Rafael Bielsa.
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El Decreto 220/2005, publicado ayer en el Boletín Oficial, fue firmado el viernes por Néstor Kirchner y el canciller. En él el gobierno dispuso la anulación del acuerdo a monseñor Antonio Baseotto como obispo castrense y la suspensión de otra norma, la 1.084 de 1998, que le fijaba un salario mensual equivalente al de subsecretario de Estado, $ 5 mil mensuales.
En los considerandos del decreto, el gobierno consideró que los dichos de Baseotto respecto del ministro de Salud «lejos están de aportar a la paz y la armonía, o al cuidado espiritual de las Fuerzas Armadas». Asevera que las afirmaciones del obispo invocaron «alegorías de connotaciones muy fuertes en la República Argentina, que recuerdan los llamados 'vuelos de la muerte', reivindican los métodos de la dictadura y apoyan a los ejecutores de tales crímenes».
• Fundamentación
En este sentido, al fundamentar la decisión respecto de Baseotto, el Presidente y el canciller subrayaron que «la verdad y la memoria son valores centrales para el gobierno nacional y nuestra sociedad en la defensa de los derechos humanos y en el combate contra la impunidad, la injusticia y el ocultamiento de los crímenes aberrantes que asolaron a nuestra Patria».
Por otro lado, recordaron que las normas y los tratados que sostienen el acuerdo para la designación del obispo castrense «resaltan el carácter concordatorio que tiene la misión» de ese prelado y «su relación con el presidente de la Nación Argentina en su condición de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas». Consignaron que esa designación «requiere el previo acuerdo del primer magistrado, el que puede negarse en base a razones de política general», por lo que, ante «la gravedad de lo apuntado», «corresponde retirar el acuerdo prestado en los términos del artículo IV del Acuerdo con la Santa Sede sobre jurisdicción castrense y asistencia religiosa de las Fuerzas Armadas».
El artículo 1 de la norma publicada en el Boletín Oficial formaliza la decisión de dejar sin efecto el acuerdo de designación de Baseotto, en tanto el artículo 2 suspende la remuneración «hasta tanto se produzca la designación de un nuevo obispo castrense en las condiciones citadas».
El arzobispo de Rosario y titular de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Eduardo Mirás, salió ayer en defensa del obispo castrense -desmintiendo de paso los considerandos del decreto firmado por Kirchner- y, si bien recomendó olvidar el incidente, juzgó que existe una «campaña contra cristianos y católicos».
• Manto de olvido
«Pese a todo lo que esto ha supuesto, porque se ha desatado una campaña contra los cristianos y los católicos, echemos un manto de olvido encima de esto», expresó Mirás en un breve contacto que el arzobispo mantuvo con periodistas en la ciudad de Rosario.
Además, negó que el ex vicario castrense haya declarado que el ministro de Salud, González García, debía ser arrojado al mar con una piedra atada al cuello por su postura en torno a la despenalización del aborto. «Nadie tiene derecho a mentir diciendo que Baseotto dijo lo que no dijo; esto es una mentira absoluta», respondió Mirás a una pregunta sobre las expresiones de Baseotto que derivaron en la decisión del gobierno de dejar sin efecto el acuerdo para su designación, así como su remuneración de $ 5 mil mensuales. Argumentó que, en todo caso, el ex vicario «citó una frase de Cristo, que es simplemente una parábola». «Empecemos por explicar qué significa escándalo en la Biblia. Significa activar (incitar) a otro a que peque, a que actúe contra Dios. Y Jesucristo dice: 'es tan grave esto, que mejor sería que le ataran una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar', explicó. Mirás insistió con que ese pasaje bíblico representa una fórmula «semita de indicar la gravedad del hecho» y señaló que «no es un deseo de que esto sea una realidad».
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