25 de mayo 2006 - 00:00

Fracasó Duhalde en mandar votar a Patti

Luis Patti
Luis Patti
Desde el ostracismo, Eduardo Duhalde hizo un último esfuerzo, inevitablemente fracasado, para levantar una coraza sobre Luis Patti. Un gesto de amabilidad y lealtad del ex presidente con un socio que, como él, transita con Kirchner una temporada de luto y oscurantismo. 

Sabía, de antemano, que no le alcanzaría, pero Duhalde -quizá para testear hasta qué punto se preservan ciertas amistades- volvió, como en otras épocas felices, a discar algunos números de teléfono para pedirles que tiendan un manto de protección sobre Patti

Sondeó, por caso, a un ex funcionario suyo que en febrero trasmutó al kirchnerismo con foto y todo. Escolta, incluso, en rondas regionales, el diputado resistió el pedido de su ex jefe para congraciarse con su nuevo jefe: se quedó en el recinto y votó contra Patti. 

No fue el único: en los días previos al debate en el Congreso, e, incluso durante el debate -como en el caso citado arriba-, Duhalde «operó» sobre el bloque Peronismo Federal que conduce José María Díaz Bancalari en busca de manos para sostener al ex intendente. 

A más de una de las chichistas que se «desinfectaron» y ahora se declaran kirchneristas también les sonó el teléfono. El milagro de la reaparición del ex presidente se midió, sin embargo, en otro rubro: provocó más enfermos que la llegada, impostergable, del invierno.

Depende del enfoque, la cosecha de Duhalde fue un fiasco o resultó exitosa. Entre viajeros y afiebrados, de los 21 diputados del Peronismo Federal, faltaron 8.

La ausencia fue el formato menos trágico que hallaron para obedecer a Duhalde sin enemistarse con Kirchner: no votaban para que Patti asuma -que implicaría el tormento-, pero tampoco tenían que levantar el brazo para lapidar a su ex compañero de boleta.

  • Zona difusa

    Ejemplos sobran. Hugo Toledo, que hasta el martes ensayaba su discurso, se ausentó llamativamente del recinto anteanoche. Tampoco concurrió Jorge Villaverde, dirigente que integra el espacio del PJ neokirchnerista, pero habita una zona difusa donde no termina de sentirse a gusto.

    Otro motivo alejó al matrimonio de los diputados Oscar Rodríguez y Mabel Müller -junto a los Arcuri, los más cercanos de la política a Duhalde y Chiche- de la Cámara: extendieron, oportunamente, su estada en Europa, adonde arribaron tras visitar Nairobi, en Kenia.

    Un chequeo y la familia apartaron a Carlos Ruckauf de su escaño y lo depositaron en EE.UU., viaje menos espasmódico que el de Mirta Pérez, que defendió a Patti en la Comisión de Peticiones, pero, kafkiana, el martes quedó anclada en San Juan, retenida por José Luis Gioja.

    Otras dos damas ausentes, sobre las que no llegó -al menos directamente- la voz de Duhalde, fueron la porteña Lucrecia Monti Soy de izquierda pero esto es demasiado», arguyó-, que espera por una firma, y la ex menemista y ex macrista Paola Spátola.

    Un anexo requiere el caso puntual de María del Carmen Rico, alias «Manola», hija del ex carapintada que hasta ayer integraba el espacio del PJ disidente a Kirchner, pero, en la tercera pirueta desde octubre pasado, ahora se declara otra vez pro Casa Rosada.

    Detalles al margen, frente al inminente derrumbe de Patti, Duhalde reaccionó en auxilio de un viejo socio. No logró demasiado pero, en la anecdotario de los códigos, puede registrar que suspendió sus rondas de tenis para juntar votos para el ex subcomisario.

    Es un efecto de la nostalgia: al ver a Patti arrinconado y en caída, Duhalde recrea sus últimos 15 años en la cima del conurbano, en los que mantuvo cierta cercanía -hubo, sí, horas de aguda enemistad- con el ex policía, que igual prefería a Carlos Menem.

    Duhalde quizá regresó, por un instante, a 1991, cuando pensó en Patti como secretario de Seguridad de su gobernación. Demasiado ruido en la farándula abortó la asunción. Apareció luego otro Eduardo Bauzá -un «celeste» como Duhalde y Eduardo Menem- que lo rescató para «normalizar» el Mercado Central.

    Hasta allí fue Duhalde para ofrecerle ser intendente de Escobar en 1995, intendencia que Patti dejó, hipnotizado con una candidatura a gobernador -su vice fue, paradójicamente, Eduardo Lorenzo Borocotóque el ex presidente habilitaba a raudales y por varios frentes.

    La reconciliación llegó una tarde de 2005, en las oficinas de Chiche Duhalde, sobre calle Irigoyen, lugar donde Duhalde y Patti pactaron compartir boleta para enfrentar a Cristina Fernández.
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