Fracasó Duhalde en mandar votar a Patti
-
Causa Cuadernos: en mayo declararán 43 testigos en el juicio oral
-
Malvinas: el Gobierno le respondió al Reino Unido y pidió "dar fin a la situación colonial especial"
Luis Patti
La ausencia fue el formato menos trágico que hallaron para obedecer a Duhalde sin enemistarse con Kirchner: no votaban para que Patti asuma -que implicaría el tormento-, pero tampoco tenían que levantar el brazo para lapidar a su ex compañero de boleta.
Ejemplos sobran. Hugo Toledo, que hasta el martes ensayaba su discurso, se ausentó llamativamente del recinto anteanoche. Tampoco concurrió Jorge Villaverde, dirigente que integra el espacio del PJ neokirchnerista, pero habita una zona difusa donde no termina de sentirse a gusto.
Otro motivo alejó al matrimonio de los diputados Oscar Rodríguez y Mabel Müller -junto a los Arcuri, los más cercanos de la política a Duhalde y Chiche- de la Cámara: extendieron, oportunamente, su estada en Europa, adonde arribaron tras visitar Nairobi, en Kenia.
Un chequeo y la familia apartaron a Carlos Ruckauf de su escaño y lo depositaron en EE.UU., viaje menos espasmódico que el de Mirta Pérez, que defendió a Patti en la Comisión de Peticiones, pero, kafkiana, el martes quedó anclada en San Juan, retenida por José Luis Gioja.
Otras dos damas ausentes, sobre las que no llegó -al menos directamente- la voz de Duhalde, fueron la porteña Lucrecia Monti -«Soy de izquierda pero esto es demasiado», arguyó-, que espera por una firma, y la ex menemista y ex macrista Paola Spátola.
Un anexo requiere el caso puntual de María del Carmen Rico, alias «Manola», hija del ex carapintada que hasta ayer integraba el espacio del PJ disidente a Kirchner, pero, en la tercera pirueta desde octubre pasado, ahora se declara otra vez pro Casa Rosada.
Detalles al margen, frente al inminente derrumbe de Patti, Duhalde reaccionó en auxilio de un viejo socio. No logró demasiado pero, en la anecdotario de los códigos, puede registrar que suspendió sus rondas de tenis para juntar votos para el ex subcomisario.
Es un efecto de la nostalgia: al ver a Patti arrinconado y en caída, Duhalde recrea sus últimos 15 años en la cima del conurbano, en los que mantuvo cierta cercanía -hubo, sí, horas de aguda enemistad- con el ex policía, que igual prefería a Carlos Menem.
Duhalde quizá regresó, por un instante, a 1991, cuando pensó en Patti como secretario de Seguridad de su gobernación. Demasiado ruido en la farándula abortó la asunción. Apareció luego otro Eduardo Bauzá -un «celeste» como Duhalde y Eduardo Menem- que lo rescató para «normalizar» el Mercado Central.
Hasta allí fue Duhalde para ofrecerle ser intendente de Escobar en 1995, intendencia que Patti dejó, hipnotizado con una candidatura a gobernador -su vice fue, paradójicamente, Eduardo Lorenzo Borocotóque el ex presidente habilitaba a raudales y por varios frentes.
La reconciliación llegó una tarde de 2005, en las oficinas de Chiche Duhalde, sobre calle Irigoyen, lugar donde Duhalde y Patti pactaron compartir boleta para enfrentar a Cristina Fernández.




Dejá tu comentario