Frenan a Moyano: ahora lo hace el Presidente
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Néstor Kirchner recibió ayer a los gremialistas Hugo Moyano y a José Luis Lingieri en la Casa Rosada. El camionero también conversó con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
• Los hombres de Moyano, narcotizados por la urbanidad que a veces dispensa Fernández, intentaron embocar otra demanda: la reapertura de ne gociaciones por el Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil. Tampoco se llevaron conquista alguna. Sobre esta materia habría que seguir analizando los números, inclusive para el aumento de 50% para las asignaciones familiares, que los sindicalistas esperan de Kirchner desde antes de la campaña electoral. El mismo tratamiento de «rechazo in limine» recibió la pretensión de un aumento para los jubilados.
• Ya que no conseguían nada para sus representados, Moyano y los demás secretarios de la CGT intentaron arrancarle a Fernández algo para ellos mismos. Introdujeron, entonces, la cuestión de la eliminación del impuesto al cheque para las obras sociales. Aquí se aplicó el mismo criterio que con la reducción de Ganancias para los empleados. Con Miceli -es decir, con Kirchner- en el Palacio de Hacienda, la única «caja» que cuenta es la del Tesoro, no la de los gremios. Por lo tanto, las obras sociales tendrán respecto del gravamen que rige a las operaciones de cuenta corriente el mismo trato que el resto de los sectores de la economía.
• El régimen de riesgos del trabajo, cuya regulación Lavagna le quiso arrebatar al ministro Carlos Tomada, fue materia de estudio casi académico. Los sindicalistas se quejaron de que sus organizaciones no tienen representación en las juntas médicas que deciden las jubilaciones por invalidez. A Fernández, que como se sabe es un experto en seguros, le resultó razonable la pretensión. Pero debe seguir bajo análisis, igual que las exigencias de umbrales de seguridad que deben presentar las empresas para contratar con una Administradora de Riesgos del Trabajo.
Cuando salieron de la oficina del jefe de ministros, los hombres de Moyano se miraronentre sí para descubrir que no estaba claro a qué habían ido. Si la ortodoxia era el escudo de Lavagna, ahora es Kirchner quien deberá cuidarse de abrir demasiado la mano. Una consecuencia, seguramente no querida, de la expulsión del ministro. Por eso, con el paso de las horas, los gremialistas advirtieron que se prestaron a una operación por la cual el gobierno le contestaba a Lavagna y le indicaba al resto de la sociedad que la salida del ese economista no era un triunfo del insaciable camionero. No hay que olvidar que el ex ministro de Economía se marchó envuelto en descalificaciones del secretario general de la CGT. Pero ese servicio Moyano deberá «cobrarlo» (tal vez sobren las comillas) en lo de Julio De Vido, su interlocutor habitual. No en lo de Fernández, que jugó ayer el partido como un técnico ortodoxo.
C.P.



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