Néstor Kirchner recibió ayer a los gremialistas Hugo Moyano y a José Luis Lingieri en la Casa Rosada. El camionero también conversó con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
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La reunión de los dos hombres más encumbrados del gobierno con el secretariado general de la central obrera cumplió con el objetivo anterior y también con otro, más sutil: demostrarles a algunos periodistas que Kirchner no es incondicional con los gremios y, sobre todo, con el voraz camionero Moyano. Esa impresión formó parte de la estrategia discursiva con que Lavagna se marchó del gobierno, provocando el pedido de renuncia que le formuló el Presidente. ¿Qué mejor que salir expulsado por sindicalistas como Moyano? Casi para un guión de Hollywood.
Fernández quedó a cargo de la «operación no», que convirtió a la reunión en un fracaso para el aguerrido Moyano:
• Comenzaron por la ampliación del mínimo no imponible para el pago de Ganancias, que impulsa la CGT como una especie de aumento de salarios. Pretenden llevarlo al nivel anterior al «impuestazo» de José Luis Machinea. Fernández les dijo que habría que seguir estudiándolo, que tal vez se pudiera avanzar gradualmente y que, hipotéticamente, habría que introducir una reglamentación en la norma que termine aprobando el Congreso (el jefe de Gabinete negoció este punto, infructuosamente, con el ex duhaldista de José María « Borocotó» Díaz Bancalari). Se concedió, es cierto, que la exagerada presión tributaria sobre ingresos medianos y bajos favorece la informalidad laboral. Pero el remedio llegará más tarde. Si no se le querían restar recursos del Tesoro a Lavagna, menos se los querrán escatimar a Felisa Miceli.
• Los hombres de Moyano, narcotizados por la urbanidad que a veces dispensa Fernández, intentaron embocar otra demanda: la reapertura de ne
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