ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

23 de noviembre 2007 - 00:00

General cayó al aceptar un celular "pinchado"

ver más
El 14 de noviembre pasado se festejó el Día de la Inteligencia Militar en un quincho de Campode Mayo. En aquel asado conmemorativo se notó la ausencia del general de brigada Osvaldo Montero. Su figura como mandamás del sistema de inteligencia era esperada con palabras alusivas a la efemérides. Los corrillos entre agentes civiles, oficiales y suboficiales del Ejército y representantes de la Fuerza Aérea y de la Armada, todos «del palo» coincidieron en el diagnóstico -gente informada si la hay- Montero por esas horas había sido relevado. Un dossier lo señalaba como principal operador del reemplazo de Garré por Aníbal Fernández en la cartera militar. La llamada telefónica de Garré bastó para reemplazarlo por el actual subdirector de inteligencia: coronel César Milani. Esta es la historia conocida. Hay interrogantes que comienzan a despejarse ahora y coletazos en la propia estructura de Defensa. ¿Cómo llegó Garré a determinar la supuesta devoción de Montero por Aníbal F?, ¿estaba el titular del Ejército, Roberto Bendini, al tanto de aquella maniobra?, ¿ sabía Néstor Kirchner del presunto favoritismo verde oliva por el ministro del Interior?

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

La novela se inicia con un pedido de Nilda Garré a Fernando Pocino, actual director de Reunión Interior de la SI (ex SIDE). Preocupada por «las filtraciones» de su ministerio a la prensa encargó la pesquisa a Pocino, un amigo que fue asesor de la entonces diputada Garré en la versión frepasista. Casi un exceso acudir a un director con responsabilidad en áreas sensibles, cuando la mayoría de las veces la ira con la estridencia de los gritos perfora el despacho de Garré y es la fuente verdadera de «aquellas filtraciones». Sin contar que en Defensa se califica de filtración a la divulgación de simples actos de gestión pública. Lo que molesta es el anticipo de la prensa.

Puesto a la tarea, el radiestesista dio con otra napa más interesante que sacar a superficie los nombres de los habladores del ministerio: la operación «Aníbal a Defensa».

El supuesto hallazgo tenía la suficiente masa crítica para rebotar en la Casa Rosada siempre permeable a conspiraciones militares de conveniencia pública. Y de paso sino el motivo principal, garantizaba la permanencia de Garré en el gabinete de Cristina de Kirchner. Nadie con lógica política hubiera cedido al «partido militar» la cabeza de la ministra.

Por estas horas, en la soledad de su domicilio, Montero se pregunta si no fue pieza central de una maquinación (exitosa) que consolidó a Nilda en el cristinismo. En el mundo «under» de la inteligencia lo explícito debe tornarse invisible a los ojos. Repasa día tras día cada palabra y diálogo telefónico entablado en aquel celular que le habría cedido el director Pocino. Y las conversaciones que mantuvo en al menos tres almuerzos previos a la borrasca con dos comensales: el propio Pocino y el subsecretario de Asuntos Técnicos Militares, Germán Montenegro. Con bochorno profesional, colegas del rubro del secreto se preguntan cómo pudo ser tan ingenuo y entregarse a parrafadas por un celular de otro agente aunque viniese catalogado de seguro e inviolable. Claro antes habría que aclarar que su especialidad en el Ejército no es el trabajo de espía sino el rústico oficio de artillero.

  • Reemplazante

    Por alguna razón que fuentes de Defensa atribuyen a desconfianza, nunca fue parte de esas tenidas Carlos Aguilar, el director de Inteligencia Estratégica del Ministerio de Defensa, hombre que al menos en la burocracia, se dice, pertenece a Garré. ¿O acaso también figuró en la ristra de contactos con Interior? El nuevo director de Inteligencia del Ejército es sin dudas el coronel César Milani, segundo del defenestrado Montero.

    Bendini aceptó. Negarse era anticipo de su propio relevo. Un gesto reciente de Garré confirmaría dos asertos: las dudas sobre Aguilar y la fortaleza de Milani al frente de la inteligencia verde. De un telefonazo la ministra moderó (otros dicen reprendió) la furia de Aguilar contra el novísimo Milani que minutos antes había sido apercibido por Aguilar a raíz de la falta de información sobre un presunto caso de espionaje a civiles ocurrido en Bariloche en 2005.

    En la carpeta del «lobbicidio» de Montero habría un organigrama de su autoría con los nombres de las autoridades del ministerio: el de Aníbal Fernández a la cabeza, y los colaboradores en las secretarías, además de las jefaturas militares. ¿Es cierto que Kirchner ya tenía una copia cuando Garré pidió audiencia con la primicia del armado conspirador? Expertos de la intriga en el edificio Libertador señalaron que la furia de la ministra no era por la presunta maniobra de escritorio sino porque una vez más llegó tarde ante su jefe de la Casa Rosada.
  • Últimas noticias

    Dejá tu comentario

    Te puede interesar

    Otras noticias