«Pobre 'Tordo', no vivió para verlo.» Ese fue el comentario de uno de los más caracterizados integrantes del secretariado general de la Unión Obrera Metalúrgica cuando se enteró, ayer, de que Carlos Tomada, «Carlitos», se convertía en ministro de Trabajo. Era la llegada de uno de ellos, ya que este abogado laboralista representa a los «meta» desde hace tanto tiempo que casi se mimetiza con ellos.
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La designación de Tomada en Trabajo fue una señal conciliatoria de Kirchner hacia todas las familias sindicales. El sucesor de Graciela Camaño es un técnico, dedicado a defender los intereses de varios gremios importantes (desde la UOM hasta la Unión Ferroviaria, pasando por los empleados de Seguros, entre otros) y a mantener con todos relaciones cordiales más allá de los alineamientos políticos.
Para Kirchner es un viejo conocido. Tomada integró en 1999 aquel Grupo Calafate (liderado por el actual presidente) a través del cual varios duhaldistas intentaron formar un ala izquierda que los diferenciara del PJ del conurbano. Una vez llegado Eduardo Duhalde al poder, secundó a Alfredo Atanasof como viceministro en la repartición que ahora pusieron bajo su mando.
• Cobranza
Esta amistad con Kirchner y con Atanasof lo llevó a protagonizar la «paritaria» (por decirlo en términos laborales) en la que el ex gobernador de Santa Cruz comenzó a negociar el apoyo de Duhalde a sus pretensiones, a comienzos de año. El jefe de Gabinete fue el encargado de transmitirle a Kirchner que sería objeto de la bendición presidencial y lo hizo durante una comida que se sirvió en la casa de Tomada. Hoy el laboralista se está cobrando aquella cena.
Si bien el nuevo ministro trabaja desde hace tiempo ligado a la UOM, tiene buenas relaciones también en la Confederación de Trabajadores Argentinos de Víctor De Gennaro. Nadie cree que esa simpatía lo lleve a promover una desregulación del sindicalismo como la que pretende De Gennaro, abrazado a la legislación internacional de la OIT. Es decir: no habría que esperar que Tomada, por las posiciones que asumió a lo largo de los últimos años, pretenda reformar la ley de asociaciones profesionales para terminar con el régimen de un solo sindicato por rama de actividad, de tal manera que las minorías de los gremios (en general, de izquierda) puedan armar sus propias organizaciones con personería legal.
• Confesión
Si le dieran a elegir, el nuevo ministro trataría de deshacerse de la administración de los planes Jefas y Jefes de Hogar y concentrarse en cuestiones de legislación laboral. Ayer habló con varios de sus amigos y confesó que pondrá acento en acercarse a las empresas para incorporarlas a la política del ministerio, acaso buscando disimular la coloración « antinegocios» que ha ganado el gobierno, al menos en el plano retórico.
Acaso la designación de Tomada deba ser leída también por lo que desmiente o evita. Kirchner tomó nota en Santa Cruz del malestar que había provocado en buena parte del sindicalismo la idea de convertir el Ministerio de Trabajo en sede de la negociación con los « piqueteros». Es lo que provocó la mención insistente de Aníbal Fernández como futuro ministro. La faena de acordar con esas organizaciones, que los gremialistas miran con recelo competitivo, fue asignada ahora al Ministerio del Interior.
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